31 diciembre 2011

CINOCEFALOS: SERES HUMANOS CON CABEZA DE PERRO Y CABEZA DE CHACAL


 Compilación y estructuración realizada por el Dr. Fernando Durand Mejia, Lima-Perú

Cynocephalus literalmente significa "cabeza de perro". Los cinocéfalos son unos seres mitológicos con cuerpo humano y cabeza de perro. Su existencia en el floclore se puede rastrear hasta el último periodo glaciar. En este tiempo humanos y lobos se vieron forzados a coexistir, en su continua persecución tras las grandes manadas de herbívoros que eran sus presas.

Los humanos domesticaron a los lobos, se supone que al criar desde pequeños a algunos de sus cachorros, lo que generó una simbiosis entre las dos especies y un progresivo "amansamiento" de los animales hasta llegar a convertirse en un compañero fiel y común en muchos asentamientos humanos.


La cooperación de estas especies se extendió hasta la innata amistad del ser humano con el perro. El canino se incorporó a la cultura sedentaria de la humanidad, evento que fue marcado en mitos y arte, donde la figura del perro era asociada con afecto y protección. El mito de los hombres con cabeza de perro es uno de los más extendidos, su ámbito comprende casi todo Oriente, Europa, África septentrional y las zonas entorno al báltico, al Cáucaso y las tierras comprendidas entre el Mar Caspio y el Mar de Aral. Las diferentes culturas enriquecieron esta leyenda con imágenes y nuevas historias, creando así el origen de los Cinocéfalos.

Según las creencias de estos pueblos de cazadores una mujer podía procrear con un perro. Como resultado nacía un híbrido humanoide con cabeza de perro y cuerpo de hombre. Esta leyenda se esparció en distintas culturas y civilizaciones.
En general, los cinocéfalos eran descriptos como de piel oscura, y se decía que, en vez de hablar, ladraban. Algunos alababan su sentido de justicia y su longevidad. Varias descripciones hablan de hombres con cabeza de perro, cuyas mujeres, sin embargo, eran hermosas mujeres normales.

Es Roman d'Alexandre, el primero que difunde la creencia de su presencia en el Lejano Oriente.

Orígenes Múltiples
La leyenda aparece en distintas épocas y en muy diferentes culturas.
Croacia: En la edad media, la tribu de los Hundigar en Croacia, eran conocidos guerreros despiadados y salvajes que escondían sus rostros con capuchas que tenía la apariencia similar a la de un perro. Así se fueron creando mitos de los Cinocéfalos, quienes con el tiempo se convirtieron en sinónimo de pagano y enemigo de la cristiandad.

Grecia: Hesíodo el poeta griego (s. VIII a C.), en un fragmento de las Eeas, habla de las tierras de los Masagetas y de los orgullosos Hemikanes, mitad hombres y mitad perros. En otro fragmento de la misma obra escribe que "Nadie acusará a Hesiodo de ignorancia a pesar de que hable de los Hemicanes, los Macrocéfalos y los Pigmeos.

India: Mientras que en el escrito “Indica Fragment”, el historiador y médico Ctesias de Cnido presenta habitantes de la India llamados: “Cabeza de perro”, información que obtuvo cuando fue capturado por los persas.
Tanto Ctesias de Cnido, en el siglo V a C., como Megástenes en el siglo III a C., escribieron sendas “Historia de la India”, y en ambas describen en parecidos términos a estos hombres con cabeza de perro que no tenían idioma y, aunque comprendían el idioma de la India, sólo se comunicaban con ladridos. Era aquél un pueblo longevo cuyas gentes fácilmente alcanzaba los doscientos años, "de todos los hombres, eran los que más tiempo vivían" (Ctesias).
En las montañas hay hombres con cabeza de perro. Se visten de pieles de animales salvajes, y no hablan lengua alguna, sino que ladran como perros y de alguna manera se entienden entre ellos. Tienen dientes más grandes que los de los perros, y uñas como las de los perros, aunque más anchas y redondas. Entienden el lenguaje de los Indianos, pero no saben contestar. Por el contrario, ladran y hacen señas con las manos y dedos, como los mudos (Romm, 1992, p. 80).

Los hombres cabeza de perro que Ctesias describe habitaban las montañas y su complexión física era oscura. Su dieta consistía en carne cruda y había una población estimada de más de 120,000 habitantes. En India eran conocidos como “Kalystrii”, palabra que en griego se traduce como cabeza de perro.

La raza de los hombres perros es definida, antes que todo, por su relación ambigua entre el acto de hablar y el de ladrar. Ctesias añade otros elementos, que fortalecen el carácter de eslabón entre seres humanos y animales: comen viandas crudas, ya que no conocen el uso del fuego, pero las calientan al sol; no usan camas, sin embargo se acuestan sobre hojas secas, para evitar dormir al contacto directo con el suelo; tienen relaciones sexuales en cuatro patas, como perros, pero consideran indecente cualquier otra posición. Son considerados dikáioi, justos, y viven hasta los 160 o inclusive hasta los 200 años. Como subrayan tanto Romm (1992) como Acosta (1996), esas observaciones activan los mecanismos de inversión etnocéntrica, ya que ponen en tela de juicio los modelos culturales antropocéntricos propios de la civilización griega.

Entre los griegos el lenguaje es el atributo que define al ser humano y lo distingue de los animales.

 
Megástenes el geógrafo escribió la “Historia de la India”, en el libro describe a los Cinocéfalos como cazadores que vendían a los indios el ámbar y purpura que extraían de las plantas a cambio de harina, telas y armas. Estas criaturas eran hábiles con el arco y la jabalina. Los Cinocéfalos de Megástenes comían carne, protegían rebaños, bebían leche de cabras y ovejas, dormían en cuevas y vestían pieles curtidas. Anatómicamente los hombres perro tenían cola bajo las nalgas, la cual era más larga y peluda.

Egipto: Los antiguos griegos conocían de los Cinocéfalos gracias a las representaciones de artistas egipcios. En estas imágenes se puede ver a Hapi, uno de los 4 hijos de Horus, quien acompaña las almas de los muertos que serían juzgados. Esta raza hibrida entre hombre y canino era conocido como: Aani, criatura que estaba consagrada a Tot el dios egipcio de la sabiduría y escritura. Sin embargo no todas las entidades fantásticas de la cultura egipcia eran miembros de la jauría de los Cinocéfalos.

Como Anubis, el dios de los muertos quien era representado con la cabeza de un chacal, también Upuaut, la deidad que abre el camino para los muertos era dibujado con la cabeza de un perro negro.

Los Cinocéfalos en la Edad Media
Debemos sobre todo a Plinio el Viejo la transmisión a la Edad Media y al Renacimiento de los extensos catálogos de poblaciones fabulosas. Los libros VI y VII de su Historia Naturalis son durante siglos la principal fuente de información sobre los habitantes del allá remoto. Esos seres monstruosos, conocidos a menudo como "razas plinianas", van a jugar un papel fundamental en la transformación de la imagen de la tierra y del hombre durante la primera fase del proceso de conquista y colonización del Nuevo Mundo.

Entre todas las razas de monstruos y seres anómalos que pueblan el imaginario europeo de los siglos XV y XVI, quizás la más sorprendente, tanto por su carácter estrafalario como por su persistencia en el tiempo, es la raza de los cinocéfalos.

Habitantes de los márgenes extremos de la tierra, los cinocéfalos se expresan con sonidos que se sitúan a mitad camino entre la palabra humana y el grito animal. Según una tradición griega de probable origen siriana, las regiones lejanas de la India eran pobladas por la raza de los hémikunes "mitad perros" o Kunoképhaloi, "cabeza de perro".
La obra de Plinio el Viejo abrió la puerta de la Edad Media a todas estas criaturas humanas portentosas. San Agustín, San Isidoro y otros autores hablan de los cinocéfalos y de otros pueblos monstruosos.

San Cristobal un santo Cinocéfalo: Sin duda, el santo parece tener la cabeza de un perro. Y este hecho, claro está, requiere una explicación. Algunas personas interpretan este tipo de representación afirmando que se relaciona con el tránsito de las almas al Más Allá; de hecho el cruce de aguas ha sido siempre un símbolo de este tipo de trance, recuérdese al barquero Caronte, que pasaba las almas de una a otra orilla del mundo inferior. Lo relacionan con Anubis, a quien se representaba con cabeza de chacal.

Otros, en cambio hacen una lectura más alegórica de esta imagen y la relacionan con la fidelidad: Al igual que el perro es fiel a su amo, san Cristóbal es fiel a Cristo. Hay, sin embargo otra explicación que bien puede aclarar el asunto.

La antigua leyenda cuenta que en el reinado del emperador Decio, un grupo de soldados llegó a un pueblo y sometió a tortura a todos los cristianos. Un joven mercenario que procedía de una tribu bárbara y era de talla gigantesca y muy feo de cara, tuvo compasión de esa gente y como no sabía su lengua, cayó de rodillas y rezó al dios de los cristianos. Entonces apareció un ángel, le tocó los labios y pudo hablar en latín. A partir de este momento se hizo cristiano y defendió su religión hasta morir martirizado. La fealdad de su cara se debía a que Cristóbal pertenecía al pueblo de los cinocéfalos, o “cabezas de perro”.

San Basilio contaba que san Cristóbal era un fiero gigante con cabeza de perro llamado Réprobo que se alimentaba de carne humana. Tras su bautismo recibió una cabeza normal. 

De acuerdo al legendario relato Áurea legenda, de Santiago de la Vorágine, Cristóbal era un gigante cananeo de doce codos (poco más de cinco metros) de estatura— nacido con el nombre de Ofero, que vivió durante la primera mitad del siglo III. Su enorme fortaleza física le había hecho orgulloso, y se había jurado servir únicamente a un amo más temible que él mismo.

El gigante habría sido el único hijo de un rey cananeo de Tiro o Sidón. Su nombre podría haber sido Relicto, Ofero o Réprobus ("réprobo, malvado", quizás del arameo rabrab: "gigante"). Era feo como él solo, tanto que tenía cara de perro (cinocéfalo), quizás en sentido figurado.

Quería estar al servicio de un amo poderoso, así que sirvió primero al rey Felipe de Licia (Tierra de Lobos, en griego, quizás en relación con su cara perruna), pero al ver que este temía al diablo, con quien tenía un pacto, decidió servir al mismo demonio, así que buscó a un brujo con el que emprendieron su búsqueda a caballo. En el camino, el brujo evitó cruzarse con una cruz, pues la temía, y ante las preguntas de Ofero, este le dijo que Jesús, que murió en ella, era temido hasta por Satanás.

Así que empezó a buscar al que iba a ser su nuevo amo, pero nadie sabía de él, hasta que un ermitaño cristiano le convenció para que le ayudara a cruzar a la gente a lo largo de un peligroso vado de un río, dada su fuerza. Ofero empezó a cruzar a la gente por el río preguntando que donde y como podría servir a Jesús pero nadie le daba una respuesta correcta. Hasta que un día cruza la corriente cargando a un niño a quien ni siquiera le toma la molestia de preguntarle; ¿qué va a saber aquella frágil criatura?

A mitad del camino el nivel del agua comenzó a subir se hace pesado como un costal de plomo, después pesa como si cargara el mundo entero, insoportable, y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla.

Le pregunta Ofero al pequeño: «¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?». y el niño con claridad: «Tienes razón, peso más que el mundo entero, pues sobre mis hombros cargo con los pecados del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóbal (en griego Χριστοφόρος, compuesto de Χριστός, Cristo, y de φέρω, llevar; o sea, el que lleva a Cristo). Al ayudar a cualquiera a cruzar el río, me estarás ayudando a mí. Fija en la tierra ese árido tronco que te sirve de báculo, que mañana lo verás, no sólo florido, sino coronado de frutos». En efecto, a la mañana siguiente la estaca seca plantada en el suelo se había trocado en esbelta palmera, con incontables frutos.

No es este el único gigante con cabeza de perro en el imaginario medieval cristiano; la leyenda de san Andrés cuenta que este apóstol convirtió al cristianismo a un gigante caníbal con cabeza de perro que venía de los confines del Imperio y se llamaba “Abominable”. 

La tradición quizá proceda del cristianismo copto; en efecto, en los Hechos de Bartolomé se cuenta que este santo, al abandonar la tierra de los ictiófagos, iba acompañado de un cinocéfalo llamado Cristiano.
En un códice siríaco de los Actos de Mateo y Andrés, se cuenta que estos apóstoles hicieron conversiones en la ciudad de los perros, Irqa, al norte de Crimea. 

No existen hoy día muchas representaciones icónicas de san Cristóbal cinocéfalo en Occidente; se conservan algunos manuscritos bizantinos con este icono, y existe alguna que otra pintura en Irlanda.

Durante la cristiandad medieval, San Cristóbal el mártir del siglo III, fue un personaje popular de este periodo por ser un Cinocéfalo que provenía de tribus asiáticas en tierras escitas. Otros relatos lo muestran como un hombre común, hijo de un rey cananeo, por el nombre de este pueblo se lo puede asociar a esta etnia.

Una fabula de la iglesia ortodoxa decía que este Santo era un hombre atractivo y por ello recibía insinuaciones por parte de mujeres de cualquier edad, Dios para liberarlo de este asedio cambio su cabeza por la de un perro.

En la Iglesia ortodoxa oriental, algunos iconos insinúan representaciones de San Cristóbal con cabeza de perro. Los antecedentes de este santo datan del reinado del emperador Diocleciano, cuyo nombre completo era Cayo Aurelio Valerio Diocleciano y sus campañas en Marmárica (al oeste de Egipto, la Libia moderna, quizás la misma que ahora habita la tribu bereber marmarita de Cirenaica): de acuerdo a los hagiógrafos, un coloso con cabeza de perro, -dos aparentes características de los marmaritas-, fue capturado en combate por los romanos y obligado a enrolarse en las legiones La unidad de soldados que apresó al fenómeno y al que éste se incorporó recibió el nombre de (Cohors Tertia Valeria Marmaritarum: ‘Tercera cohorte de la valeriana de los habitantes del Mar de Mármara’) , para luego ser trasladado con su unidad a Antioquía, Siria, en donde el obispo Pedro de Alejandría, que predicó en la región entre el año 306 y el 311, sufriendo martirio en el 308 d.C.

Los Hechos de san Cristóbal, de los que las leyendas posteriores se derivan, parecen haber sido compuestos en época cercana al martirio del santo, probablemente por el obispo de Antioquía, Teófilo el Indio, o alguien cercano a éste.

Varios siglos después, el poeta y obispo alemán Walter de Speyer retrató a San Cristóbal como un gigante cinocéfalo en la tierra de los cananeos (los "canes" de Canáan en el Nuevo Testamento), devoradores de carne humana y que ladraban. De Speyer afirma que Cristóbal conoció al Niño Jesús, renegó y se arrepintió de su anterior comportamiento y aceptó el bautismo. Fue recompensado con apariencia completamente humana, tras lo cual dedicó su vida al servicio religioso y se convirtió en uno de los Athleta Christi (Campeón de Cristo), militares santos o mártires cristianos.

China: Marco Polo: En el siglo XIII d.C, Marco Polo cuenta la existencia de una mítica isla llamada Macumera, ubicada cerca del archipiélago de Andamán en el Golfo de Bengala. De ellos dice “en esta isla los hombres tienen cabeza y dientes de perro, y en su fisonomía parecen enormes mastines. Son muy crueles y antropófagos y se comen a cuantos hombres prenden que no sean de sus gentes” Dice: Que estar personas se modelaban el rostro desde muy pequeños, probablemente en un ritual de auto-mutilación.

Pueblos parecidos a los akephaloi de Heródoto y a los Ble-mmyes de Plinio y de Pomponius Mela, están mencionados también en los tratados chinos y es una vez más a ellas que se refieren Marco Polo y Mandeville describiendo esos monstruos, el uno ubicándolos en Siberia, el otro en las islas del Océano Indiano […]. En una Historia de los Cheu se habla de un ’Reino de los perros' y los Annales de las Cinco Dinastias (907-960) describen minuciosamente este país de Kou con sus habitantes cinocéfalos que se comunican ladrando. Los mitos de los pueblos cánidas son abundantísimos en estas comarcas. [….] A los mongoles se les reputa hijos de lobos. [….] con estas fabulas del Asia oriental, y no con Ctesias, se relacionan ahora los canophalez descritos por exploradores y sabios.

 Jean du Plan Carpin los sitúa más allá de la Tartaria, Marco Polo a las islas Andeman, Odorico de Pordenone y Jean de Mandeville en la isla de Nychoneran o de Nicumera (Nicobar) (Baltrušaitis, 1983: pp. 169-171).

Los Kynokephaloi
Una tribu de la India y África, cuyos miembros eran hombres con cabeza de perro. La existencia de esta etnia se originó por los relatos de antiguos viajeros que confundían al babuino africano con un hombre. Los griegos usaron el término Kynokephalos para referirse a este animal.

Estos salvajes sobrevivían en las montañas cazando diariamente cualquier animal que puedan cocinar en el sol. Aprovechándose también de los recursos de las ovejas, cabras entre otros, comían la dulce fruta de la Siptakhora. Como ofrenda enviaban las frutas anualmente al rey de la India a cambio bienes, como pan, harina, espadas, arcos, flechas y lanzas, armas con las que se habían vuelto buenos guerreros. Como vivían en cuevas de las montañas era difícil derrotarlos, tenían malos hábitos de aseo, las mujeres sólo se bañaban una vez al mes y los hombres no se bañaban, no tenían camas y preferían dormir en hojas o césped. Se untaban un aceite en su pelaje para limpiarse su piel, y los más ricos de su sociedad eran los que más ovejas tenían porque vestían prendas de algodón.

Anubis el Dios Cinocéfalo
A pesar de la gran difusión entre distintas culturas de la imagen de hombres con cabeza de perro, sin duda el cinocéfalo más famoso de la historia fue Anubis el dios con cabeza de chacal que se encargaba de guiar a los muertos.

En la mitología egipcia está figura es asociada con la momificación y la vida después de la muerte. Anubis también es conocido como Inpu, Anupu; su nombre se traduce del griego “dios cabeza de chacal”.

El registro más antiguo de este dios esta en los textos del Viejo Reino, en el libro de las pirámides, donde el dios chacal atiende el entierro del Faraón. Durante este periodo Anubis dejó de ser la entidad más importante de la muerte y fue reemplazado por Osiris en el tiempo del Reino Medio.


Dentro los rituales fúnebres, el dios chacal es mencionado como protector de las tumbas de los fallecidos, recibiendo el título: “El que está en el lugar de embalsamamiento”. Como muchas deidades egipcias, Anubis tiene diferentes funciones dependiendo de su contexto, también ninguna procesión pública podía ser conducida sin el dios chacal en la cabecera de la marcha.

Anubis es representado por tener la cabeza de un chacal en el cuerpo de un hombre, en ocasiones era un chacal bípedo que porta una cinta y utiliza un mayal en su mano. Gracias a esta deidad los chacales son asociados fuertemente con los cementerios por ser un animal carroñero que desentierra cuerpos para comerse su carne. El color negro de Anubis, representa la piel podrida y el suelo negro del valle del Nilo, lo que simboliza renacimiento.


La presencia de esta deidad era tan importante que el jefe de los embalsamadores vestía un disfraz de Anubis. En el Libro de los Muertos, hay una imagen que muestra al dios chacal decidiendo quien de los fallecidos era digno de entrar entre la realeza de los muertos.

Otras Citas

Paul el Diácono menciona en su escrito “Historia gentis Langobardorum”, que los Cinocéfalos usaban tácticas para asustar a sus enemigos, diciendo que combaten todos los días y beben la sangre de sus víctimas para calmar su deseo por seguir matando.
El teólogo francés Ratramnus del siglo IX d.C escribió una carta “la Epístola de Cynocephalis”, sus palabras cuestionaban si esta etnia tenía los mismos derechos que un humano, citó también al Santo Thomas de Cantimpré, quien afirmaba la existencia de esta raza en: El libro de hombres monstruosos del Oriente, “Liber de Monstruosis Hominibus Orientis”.

En el siglo XIII, se rumoraba que Atila, el rey de los hunos se convirtió en un Cinocéfalo. Esta transformación era una alusión negativa a las civilizaciones provenientes de Asia por acosar a Europa con ataques de barbaros. Dentro de este siglo, el enciclopedista Vincent de Beauvais describió al Santo patrón Louis IX de Francia como: “un animal con la cabeza de un perro, pero con el resto de miembros de apariencia humana, aunque se comporta como un hombre tranquilo, pero cuando está furioso es cruel y se desquita con la humanidad”.


Los Cinocéfalos aparecen en un viejo poema galés, propio de la fabula Arturiana, donde el Rey y sus caballeros pelean contra estas criaturas en las montañas de Eidyn, Edimburgo. Muchos de los hombres cabeza de perro son liquidados por el guerrero Bedwyr. El poema hace referencia a una pelea contra “Gwrgi Garwlwyd”, nombre que se traduciría como: “Escabroso hombre perro gris”, sin embargo muchos creen que este personaje es un hombre lobo por su descripción.

A petición del rey Eduardo II, Jehan de Mandeville en el s.XIV d.C., viajó más allá de Tierra Santa para posteriormente escribir sus memorias en lo que hoy conforma el Libro de las Maravillas del Mundo.

La isla de los Cinocéfalos

Pasada Tracordia, una peculiar isla donde los hombres, verdaderas bestias, desprovistas de toda razón”, viven en agujeros cavados en la tierra y no hacen sino adorar a una piedra de sesenta colores llamada tracordita, uno debe seguir en línea recta sobre la Mar Océana.
Entonces sin duda se tendrán a la vista las bellas costas de Nacameran. El hermoso y gran país de los cinocéfalos.
Los hombres con cabeza de perro
Es curioso que en Tracordia las personas, a pesar de su apariencia humana, fueran todos unos brutos. Es curioso, digo, porque en Nacameran las gentes, a pesar de ostentar tremendas cabezas de perro son de lo más civilizados.
A diferencia de los oriundos de otros lugares visitados por Mandeville, los cinocéfalos, como se les llama quienes tienen cabeza de perro, ostentan la decencia de usar ropa. Su único traje es un pedazo de tela que va desde la cintura hasta las rodillas. Tapando, como se debe, las partes pudendas.
Son altos, fuertes y valientes guerreros, nos refiere Mandeville. Para luchar usan un escudo de cuero que les protege todo el cuerpo y en la mano llevan una lanza.
El canibalismo entre los cinocéfalos
Los cinocéfalos, apena confesarlo, tienen un defecto. Acostumbran comer carne humana. Principalmente la de sus enemigos caídos en batalla.
Fuera de eso son muy correctos y muy devotos a su dios que tiene la forma de un buey. Prueba de ello es que no hay en toda la población quien no lleve en la cabeza una imagen de su dios cincelada en oro y plata.
La forma de gobierno de los hombres con cabeza de perro
Están regidos por una monarquía democrática. Es decir la gente elige a quien será su rey. Este rey, al menos el que Mandeville conoció, es un individuo muy rico y poderoso que cumple puntualmente con todos los ritos de su religión.
Lleva colgado al cuello un collar con trescientas perlas de Oriente, gruesas como almendras, que hace las funciones de un rosario. Diariamente antes de comer utiliza este collar para rezar nada menos que trescientas oraciones a su dios.
Pero más asombroso aún es el rubí de muchos quilates, de casi un pie de largo y un palmo de ancho, que lleva también al cuello.
El Gran Khan, refiere Mandeville, ha ambicionado esta joya durante mucho tiempo. Pero no ha logrado obtenerla ni a través de sus generosas ofertas ni mediante la fuerza militar.
Y es que para los cinocéfalos esta joya significa mucho. Es otorgada a quien ha sido elegido como nuevo monarca. Viéndola la gente sabe que aquel es el rey y se dispone a obedecerlo. Si alguien se proclamara como la autoridad pero careciera del rubí sería ignorado por toda la población.
Las leyes de los cinocéfalos
En lo que refiere a las leyes el rey cinocéfalo es muy cuidadoso. La justicia es primordial por lo que Nacamaran es una tierra muy segura.
Uno, dice Mandeville, puede andar por las calles llevando objetos costosos y nadie intentará robárselos. Se conoce que la ejecución de la ley es oportuna y expedita.
“Sus habitantes, hombres y mujeres, tienen todos cabeza de perro y de ahí que se llamen cinocéfalos. Son gentes dotadas de razón e inteligencia salvo en una cosa: un buey es su dios y (…) llevan en la frente la imagen de un buey cincelado en oro y plata. Son altos, fuertes y valientes guerreros. Para luchar llevan colgado del cuello una adarga que les protege todo el cuerpo y en la mano, una lanza. Cuando derrotan a un enemigo en la batalla y lo apresan, al pronto se lo comen.”

Mandeville pondera el sentido de la justicia y del orden de los cinocéfalos y su organización política en torno de un rey muy ecuánime que imparte justicia de acuerdo a sus leyes.

El país de los perros.
Hay un curioso mito que puede relacionarse con la del cinocéfalo. Es el del país de los perros. En este país las hembras son mujeres con figura plenamente humana y los machos son perros con figura absolutamente canina. Los hijos nacidos de sus uniones tendrían una u otra forma según fuera su sexo. Lo sorprendente de este mito es su gran difusión geográfica pues aparece entre los sahos de Eritrea, entre los mongoles, los chinos, los armenios y los tártaros casi en idénticos términos.  Otro punto realmente original es que en sociedades netamente misóginas, se conceda la condición humana a las mujeres y la bestial a los individuos de sexo masculino.

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