18 mayo 2011

TUPAC AMARU II - SERPIENTE RESPLANDECIENTE


AL CUMPLIR 230 AÑOS DEL ASESINATO DE TUPAC AMARU II
(Compilado y estructurado por el Dr. Fernando Durand Mejía, ex alcalde del distrito de San Luís - Lima, año 2003 al 2010)  


1536
El inicio de la lucha por nuestra independencia data del 1536, cuando Manco Inca organizó la resistencia de Vilcabamba, movimiento que se prolongó por más de 30 años y culminó tres siglos después el 09 de Diciembre del 1824, con la expulsión de los invasores y la restauración de la soberanía nacional.


Manco Inca dibujo de Guaman Poma

El de Juan Santos Atahualpa (1536-1562) que proclamo la independencia del Perú en la Montaña
A lo largo de la presencia española en el Perú, sucedieron más de 300 sublevaciones por el grado de explotación y dominio colonialista, donde el pueblo peruano combatió con heroísmo y tenacidad en defensa de su libertad y soberanía, pese a las bárbaras represiones, la anarquía interna y la inferioridad de las armas.
Manco Inca el gran rebelde


1570
Este año nace Diego Felipe Condorcanqui (tátara-abuelo de José Gabriel Condorcanqui), don Diego era curaca de Surimana y se casó a los 23 años en 1593 con la ñusta Juana Pilcohuaco, hija de Túpac Amaru I (último Inca de Vilcabamba - Cusco), nieta de Manco Inca, bisnieta de Huayna Cápac y  re-bisnieta de Túpac Yupanqui, el que fuese hijo de Pachacutec. La autora María Rostworowski explica que la descendencia dentro de las panacas se hereda por la vía matrilineal, en otras palabras, uno pertenece a la panaca de la madre.

Don Diego Felipe muere el año 1635 a los 65 años.

Tupac Amaru I

** Ñusta era el nombre quechua para las princesas en el Imperio inca, en la cosmovisión andina es una joven, virgen, una doncella, símbolo de la tierra aún no fecundada, no sembrada. La Ñusta en el Tawantinsuyo gozaba de consideración y respeto, porque constituía parte esencial para la reproducción social, cultural y biológica. Era el centro de la organización política.  La Ñusta elegida era el núcleo de la administración tanto política como económica y por esa función tenía sus ritos, elección y ceremonias en el Inti Raymi. Era el símbolo de la Pachamama, sin ella no había producción ni reproducción cultural.

Jovén virgen - Ñusta
**  El año de 1609 Juana Pilcohuaco, casada con Diego Felipe Condorcanqui, Cacique de Surimana, en la provincia de Canchis y Canas, hizo una información en el Cusco para calificarse  como hija natural del último rey inca, Felipe Topa Amaro. En base de esta información ella consiguió una disposición del Virrey Príncipe de Esquilache, en 1618, declarándola hija de Topa Amaro y concediendo privilegios a uno de sus hijos, principalmente que fuesen reservados de servicios personales y tributos. El virrey le hizo una merced de tierras, que José Gabriel declaro en 1777 haber quedado en posesión de la familia hasta 'entonces'.

Por muerte de sus dos hermanos mayores, el tercer hijo de Juana Pilcohuaco, Blas Tupa Amaro, fue el que heredo el cacicazgo de su padre. Blas se casó con Francisca de Torres y tuvo como hijos a Bartolomé Tupa Amaro, Sebastián Tupa Amaro, Agustín, y Juana Pilcohuaco. Bartolomé se casó con Catalina Quispe Sisa, murió pero sin dejar hijos; le sucedió en el cacicazgo su hermano Sebastián, quien se casó con Catalina del Camino. Ellos tuvieron cuatro hijos, Miguel Tupa Amaro, Marcos Tupa Amaro, Manuela, y Antonio. José Gabriel fue hijo de Miguel Tupa Amaro.

En 1545 se le dá título y blasón a Juan Tito Tupa Amaro

 
 El tío abuelo de José Gabriel, Bartolomé Tupa Amaro, se dio cuenta de las primeras gestiones de Manuela en el Cuzco, y en 1687 se presento ante el corregidor de la provincia de Canas y Canchis, libremente y en Nombre de sus hermanos, pidiendo se les recibiese como información la descendencia de Tupa Amaro, detallando y afirmando la genealogía de su padre y de no haber otro Blas Tupa Amaro. Después de recibida la información, el corregidor proveyó auto confirmando la genealogía especificada, ordenando que Bartolomé y sus hermanos gozasen de "Las excepciones correspondientes".

Ñusta con su atuendo andino

1572
Este año el último rey Inca Tupa Amaro I fue degollado por el virrey Francisco de Toledo, por defender el reducto de Vilcabamba.

Tupac Amaru I
Tupac Amaro I  y su escudo de armas.

1702
Este año nace Don Miguel Condorcanqui Usquiconsa o Miguel Túpac Amaru en Surimana, padre de José Gabriel Condorcanqui Noguera o José Gabriel Túpac Amaru II; fue curaca y gobernador titular de Surimana desde 1738 a 1750, así como indio principal de dicho pueblo y miembro del Ayllu Callca. Al enviudar se vuelve a casar luego de 2 años de servinacuy (Matrimonio de Prueba)  con Doña  Rosa Ventura Monjarraz natural del pueblo de Tinta.

**  ( (F. 40, n º 1) En El pueblo de Surimana Anexo de Pampamarca Provincia Canas y Canches el Treinta de Abril de mil setecientos cincuenta años Yo el Bachiller Don Julián Antonio de Vargas Céspedes y Teniente de Cura /  enterré el propio cuerpo del alcalde Don Miguel Tupa Amaro Indio / Principal de dicho pueblo casado, y Velado según Orden de Nuestra Madre Iglesia, con Doña Monjarraz Ventura naturales del Pueblo de Tinta, y vecina a instancia de parte de dicho pueblo / En el ayllu Callca: fallecido habiéndose confesado conmigo, recibiendo y el Santísimo Sacramento de la Eucaristía por viatico, y el de la Extrema Unción; a los cuarenta ocho años de edad, perece y dejo cuatro Hijos ; enterrase en la Iglesia con acompañamiento de Cruz Alta, la Capa de Coro, incensario, Posas seis, y Misa vigiliada de cuerpo presente, pagando por derechos funerales Veinte y cinco pesos y de Fabrica sin peso: Que conste párrafo lo firma/ Julián Antonio de Céspedes y Vargas.

1711 
Este año nace Rosa Noguera Valenzuela en Tinta, mestiza, madre de José Gabriel Túpac Amaru II, falleciendo a los 29 años repentinamente en Surimana el 11 de octubre de 1740, enterrándose con auxilio de Clérigo, Cruz Alta, Vigilia, Misa, y funeral de 30 pesos.

1731 
Este año se casan sus padres Miguel y Rosa en Surimana - Cusco el 28 de julio.

** Del primer enlace nacen: Clemente Condorcanqui Noguera  o  Clemente Túpac Amaru (Primogénito), quien fallece a corta edad y;
José Gabriel Condorcanqui Noguera llamado José Gabriel Túpac Amaru.

Del segundo enlace nacen 2 niños: Una niña que fallece muy tierna, y el año 1746 nace Juan Bautista Condorcanqui Monjarraz, que sobrevivió a todos y fue reconocido como Juan Bautista Túpac Amaru, casado con Susana Aguirre, natural de Paruro.  José Gabriel a los 10 años de edad (1748) cargaba en su espalda a su hermanastro de 2 años de edad.

1738
El 19 de marzo (Día del patrón San José) nace el  Curaca o Cacique José Gabriel Condorcanqui Noguera o José Gabriel Túpac Amaru II (Serpiente resplandeciente), en el barrio de Arco Punco, en el pueblo de Surimana, distrito de Tungasuca, provincia de Canas, departamento del Cusco, en la casa Curacal de sus padres.

Tupac Amaru II Inca

Fue bautizado el primero de mayo de ese mismo año ; era de la dinastía de los Hanan Cuzco y se declaraba descendiente por línea materna del último de los Incas (Túpac Amaru I), de quien adoptó el nombre, cuya hija Juana Pilcohuaco había casado con su tátara-abuelo Diego Felipe Condorcanqui.

1740
Este año, el 11 de octubre fallece su madre en Surimana, cuando José Gabriel contaba con 2 años de edad; siendo educado y criado desde los 6 años hasta los 12 años (1744 a 1750) por el sacerdote criollo Antonio López de Sosa.

1742
En este año nace el 23 de junio, la que sería su esposa Micaela Bastidas Puyucahua en Surimana - Pampamarca, hija de Don Manuel Bastidas (Español) y de Doña Josefa Puyucahua.

Micaela, ejemplo de valor y solidaridad. 

1750
Luego del fallecimiento de su padre el 30 de abril de 1750 en Surimana a los 48 años, José Gabriel de 12 años recibe los cacicazgos de los pueblos de Pampamarca, Surimana y Tungasuca, diversos bienes materiales (casas, tierras, etc.), una importante cantidad de bestias de cargas (350 mulas) - con las cuales desarrolla un importante negocio de transporte terrestre - y, además, el derecho a ostentar su condición de único descendiente legítimo del Inca, circunstancia que implicaba el ejercicio de una autoridad moral sobre los indígenas y la consideración de jefe natural de los pueblos aborígenes.
Son sus tíos José Noguera y Marcos Túpac Amaru quienes asumen interinamente el cacicazgo hasta que cumpla la mayoría de edad. Al fallecer su hermano mayor, quedó como único y legítimo heredero del curacazgo de Surimana, Tungasuca y Pampamarca.

1751-1757
Túpac Amaru II se educó en el Colegio de San Francisco de Borja desde los 13 años, una escuela cuzqueña regentada por los jesuitas y fundada con el objetivo primordial de instruir a los hijos de caciques e indios nobles.
Recibió pues, una enseñanza destacada para la época, pues sus conocimientos de lectura y escritura no estaban al alcance de la población india en general y ni siquiera de muchos españoles, ya fuesen peninsulares o criollos. Sin duda que José Gabriel fue hombre de inteligencia despierta, que asimilaría con prontitud los principios culturales recibidos, al tiempo que fue ampliándolos dados sus frecuentes viajes y contactos con una variada gama de personas a las que frecuentaba en razón de su actividad de arriería.
La lectura de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, sembró demasiadas ilusiones al muchacho [José Gabriel]. Sin someter la obra a ninguna crítica, idealizó al máximo su contenido. Y la utopía de un Imperio unido que lindaba con la perfección divina, le pareció posible de alcanzar.

1760
Este año el 25 de mayo contrajo matrimonio a los 22 años con Micaela Bastidas Puyucahua de 18 años, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Purificación del pueblo de Surimana - Cusco.

Tupac Amaru II

 ** Acta de Matrimonio:

F. 50, N º 1 del Año 1760/En El pueblo de Surimana en Veinte y Cinco Días del mes de / Mayo de Mil setecientos Sesenta Años ... Yo el doctor Antonio López de Sosa, Cura y Vicario de dicho Pueblo  y bendije y case en verdadero y legitimo Matrimonio según Orden de Nuestra Santa Madre Iglesia a / José Tupa Amaro soltero Hijo legítimo de Don Miguel Tupa Amaro y de Rosa Noguera con Micaela Bastidas hija soltera / y naturales de Don Manuel Bastidas y de Josefa Puyucahua Españoles de este Pueblo, fueron sus padrinos Andrés Noguera y Martina Oquendo. Testigos Diego Castro y Andrés Castro y el párrafo Que conste he aquí firme. / Don Antonio López de Sosa.

Inmediatamente después de casarse solicita formalmente al corregidor ser nombrado Cacique.
J.G. Condorcanqui fijó su residencia en la ciudad del Cusco, desde donde viajaba constantemente para controlar el funcionamiento de sus tierras. Era propietario de cocales en Carabaya, chacras en Tinta, vetas de minas y, sobre todo, dueño de 350 mulas, utilizadas para transportar mercaderías a Potosí, por lo cual era conocido peyorativamente como "el curaca arriero".
Dominaba el quechua, castellano y latín, estando entre sus lecturas los Comentarios Reales de Garcilaso de la Vega, las Siete Partidas de Alfonso el Sabio, las Sagradas Escrituras, el drama nativo Apu Ollantay, así como posterior y clandestinamente textos de Voltaire y Rousseau (en aquella época censurados). Seguramente también, en esa época leyó La Araucana de Alonso de Ercilla, obra muy masificada en América, y que hablaba de la resistencia de los mapuches al invasor español, y hasta entonces el único pueblo americano en vencerlos en una guerra de emboscadas que se prolongaba ya por dos siglos.
De hecho, durante una gran parte de su vida, mostró preferencia por lo criollo, utilizando refinadas vestimentas hispanas, pero posteriormente se vistió como un noble inca por lo que fue excomulgado de la Iglesia Católica.

Micaela Bastidas

1761
De la unión matrimonial de José Gabriel y Micaela vinieron al Mundo Tres Hijos: Hipólito, Mariano y Fernando.
Hipólito, el primogénito, nacido en Surimana posiblemente el 30 de enero de 1761, al cual  le correspondía la sucesión Curacal de Tungasuca, falleció el 18 de mayo de 1781.

1762
Mariano, nacido el 17 de setiembre de 1762 en Tungasuca, y bautizado al día siguiente en la parroquia por el teniente cura fray Isidro Rodríguez, Su padrino fue el Párroco de Pampamarca y gran amigo de la familia del cacique Túpac Amaru doctor Antonio López Sosa.
Fallece Mariano el año 1783 en Rio de Janeiro – Uruguay.

1766
El 25 de octubre de 1766 es nombrado oficialmente por el corregidor Pedro Muñoz de Arjona a los 18 años de edad como Cacique o Curaca de los territorios que le correspondían por elemental herencia. Los Testigos el 30, 31 de octubre y 01 de noviembre reconocieron el derecho de José Gabriel. Conseguida la aprobación del corregidor, José Gabriel empezó a titularse cacique, su pecado fue buscar la confirmación de su título por la Audiencia de Lima.

1768
Fernando, nacido el 30 de mayo de 1768 en Tungasuca, y bautizado en la Iglesia de Pampamarca el 3 de abril de 1769 por el Párroco Antonio López de Sosa, siendo padrinos Antonio Noguera y Micaela Cápac Tinta. Su padre lo llamaría "Fernandillo" y le tendría especial deferencia por ser el benjamín de la Familia.
Fernando, tendría solamente 13 años cuando ajusticiaron a sus Padres y cuando él recibió la condena de ser desterrado sin presidio al África, aunque en verdad cumplió la sentencia en España.

Tupac Amaro II y su panaca - Pintor desconocido.

1769
Este año José Gabriel tuvo problemas con Esteban de Zúñiga, cobrador del repartimiento del Corregidor. Zúñiga se quejo al corregidor que José Gabriel "le embarazaba la cobranza", Otras acusaciones en contra. El corregidor depuso de su puesto de Cacique a José Gabriel y le tuvo preso doce días en la Cárcel de Tinta, Esta experiencia animó a José Gabriel a recurrir al la Audiencia de Lima.

1776
Debido a sus prósperas actividades económicas, Condorcanqui empezó a sufrir desde este año la presión de las autoridades españolas, en especial por presión de los arrieros que vivían en la región de la cuenca del Río de La Plata, quienes intentaban tener el monopolio del tránsito de mineral por el Alto Perú. Las autoridades españolas sometieron a Condorcanqui al pago de prebendas.
Entre Agosto y Noviembre de 1776 los Betancourt atacaron malamente. Primero pidieron a las autoridades cusqueñas que trajeren los Libros Parroquiales de Pampamarca para demostrar que faltaban las Partidas de bautizo de José Gabriel y de sus antepasados, (Que el propio Vicente José García había arrancado dolosamente), lo que se ejecutó para el éxito de la causa de los solicitantes. Seguidamente se conminó al zapatero Blas Puyucahua - familiar de Micaela Bastidas - que  confesase que José Gabriel era de extracción plebeya, el conminado negocia confesar lo establecido, para concluir que nada sabía del origen del marido de su parienta.

Finalmente, entre poderes y copias legalizadas, testimonios y fianzas, los Betancourt consiguieron poner el pleito muy favorable a ellos, por tener de su parte la instancia de la Justicia del Cusco, con poca posibilidad de perderlo. Es por ello que José Gabriel decidió llevar el litigio a la Real Audiencia de Lima, esperando ser juzgado en terreno neutro.

 A su Demanda se debió el que la Audiencia, por Real Provisión del 17 de Enero de 1777 que le fue notificada el 5 de Marzo, mandó comparecer en la capital a quien le representase en la causa que había abierto en la Ciudad de los Reyes.
Según Vicente José García, la estadía de José Gabriel en Lima duró del 30 de abril de 1777 al 29 de diciembre del mismo año (10 meses), incorporándose en mayo a su hogar (15 meses).


Tupac Amaro indio noble, vestía a la usanza de la época.

 
Empezó José Gabriel por exhibir sus viejas probanzas genealógicas y mostrar en Regla su ascendencia, exponiendo que no tenía errores ni vacios, lo que no se podía decir igual de la ascendencia presentada por los Betancourt, pues unos vacios y equívocos se habían sumado a los fraudes.

En efecto, había dicho mal Manuel Túpac Amaru - al inicio de sus reclamos - que había nacido en Surimana, en la provincia de Quispicanchis, cuando era público y notorio que tal pueblo siempre había sido de Canas. A su vez Lucas Túpac Amaru, su padre, jamás había sido curaca de Surimana y menos hijo legítimo de Blas Túpac Amaru, que si fue Curaca del citado pueblo, pero nunca estuvo casado con Magdalena Ocllo, pues su legítima mujer se llamo Francisca Torres. Se sobreentendía que de existir tal filiación con Lucas Blas debió ser bastarda, por ende ajena al derecho de heredar el curacazgo.

De ahí que esa era la cuestión: ¿y si fue Lucas curaca de Surimana, por que no lo heredaron sus hijos Pascual, Francisco y Juan, preocupándose de tal sucesión en solitario su hija Manuela. Además, los Betancourt  pretendían que el cacicazgo surimaneño procediera de la sangre real de los Incas, pero deberían entender que no venia por la línea de los Túpac Amaru sino por la sangre de los Condorcanqui y porque eso era él, José Gabriel Condorcanqui llamado José Gabriel Túpac Amaru, era Curaca de Surimana, como lo probaban los Documentos.

Y concluía retador José Gabriel [Túpac Amaru] refiriéndose de Diego Felipe de Betancourt: “Que pruebe que Don Juan Tito Túpac Amaru, que desciende de él, y pruebe que fue hijo de don Felipe, hasta ahora no se ha probado, sólo 'entonces' podrá ser descendiente del último Inca del Perú."


1777
El 18 de Junio ​​de 1.777 José Gabriel [Túpac Amaru] presentó un alegato de prueba de 34 fojas. Se trata de una exposición magistral de la causa contra las pretensiones de la casa de Diego Felipe Betancourt, y es probable que se trate de un escrito original del propio José Gabriel.

Apunta los fraudes y anacronismos de la documentación de la parte contraria con una lucidez histórica admirable para la época. Termina con un pedido “que se presente los originales de estos documentos.”

Rebelde con causa, defendía su genealogía real.

El Litigio tuvo el siguiente origen

Diego Felipe de Betancourt, viejo y rico sin mestizos del Cusco, ante la Justicia expuso que su madre era Doña Manuela Túpac Amaru resultaba nieto de Don Lucas Túpac Amaru, curaca de Surimana, y de Doña Gabriela de Arce; segundo nieto de Don Blas Túpac Amaru, curaca de Surimana, y de Doña Magdalena Ocllo; tercer nieto de Don Juan Tito Túpac Amaru y Cuarto nieto de don Felipe Túpac Amaru, el postrer Inca del Perú ejecutado por El Virrey Toledo en 1572.  

Presentada cantidad de documentos falsos, denunciaba que José Gabriel era de la idea de la unidad de nacionalidades; que no descendía del último Inca de Vilcabamba, que tampoco debería apellidarse Túpac Amaru ni usar escudo familiar, menos servicio de Curaca de Surimana y, en postrera instancia, carecía de todo derecho para solicitar el Marquesado de Oropesa. Diego Felipe soñaba con la posibilidad de obtener del rey de España el título y as rentas del Marquesado de Oropesa (según su testamento de 1765 en Cornejo Bouroncle). Fue el Marquesado de Oropesa erigido sin feudo en 1614 en favor de Ana María Lorenza de Loyola, descendiente y heredera de Sayri Topa, que con satisfacción de las nacionalidades ella había ganado el juicio a la corona.


José Gabriel se sintió herido es lo más vivo del alma. Su más preciado tesoro, la sangre imperial de los Incas, le pretendía ser usurpada. Y sí la negaban utilizando el estilo de Justicia, disfrazando así un fraude de la  peor especie. En ninguna época fue herida tanto su vanidad, y muy castigada. Lo que le ensombrecía el rostro. Tampoco era la vergüenza ante la duda de los otros, era de la falta de esperanza en las Leyes, la injusticia de la justicia falsa, que se tendría que inclinar ante pruebas fraudulentas, pero con visos de verdad.

José Gabriel se vio ultrajado, desposeído, camino de no tener ningún  servicio. Si la demanda de los Betancourt lograba sentencia judicial, El  se convertiría en un indio común, ajeno a toda posibilidad de triunfo (De Triunfar Diego Felipe Betancourt en su propósito, José Gabriel y sus hijos se verían reducidos a una condición de simples hatun runas, esto es, plebeyos indios, naciendo con ello la obligación de tributar en dos remesas al año al corregidor de Tinta, actuando de intermediario Betancourt como Curaca. Además, tendría que concurrir al estilo de la mita minera de Potosí y de servir en los obrajes, amén de perder los curacazgos ancestrales de Surimana, Tungasuca y Pampamarca con sus tierras y propiedades anexas, y dejar de cobrar el sueldo de Curaca-Gobernador. En conclusión era el descenso político, económico y social.)

1777-1780
Guerra Separatista del Perú (1777-1780) "Cuando (José Gabriel) se reincorporo al Cusco desde Lima, habló con los caciques a su paso por  Huarochirí, tratando sobre dicha sublevación, especialmente con el Curaca rebelde de los Ninavilca”.
El ex-corregidor del Cusco (27 de noviembre de 1.771 hasta el 31 de diciembre de 1776), Manuel López de Castilla, escribió al virrey Manuel de Guirior el 11 de Junio ​​de 1777. "Los indios se figuran porque existe la profecía de San Luis Beltrán y Santa Rosa que han de restablecer la Dominación de estos Reinos el año de las tres sietes que corresponde por otros al año de 1777; y en este concepto se esfuerzan para  ejecutar esto.”

1778
Vivía la situación típica de los curacas: tenía que mediar entre el corregidor y los indígenas a su cargo. Protestó contra las reformas fiscales que implantó el visitador Antonio de Areche (aumento de tributos, alcabalas y aduanas) desde 1778, se vio afectado -como el resto de la población-.
Presentó una petición formal para que se le concediera un título de nobleza hispano, se le reconozca su linaje real inca y para que los indios fueran liberados del trabajo obligatorio en las minas, reclamos dirigidos por las vías regulares a las autoridades coloniales en Tinta, Cusco y siguiendo por años un proceso judicial en la Audiencia de Lima, siendo este finalmente rechazado, por lo que decidió tomar medidas más radicales. Antes del levantamiento, José Gabriel se había dirigido a la Audiencia de Lima en solicitud de reconocimiento de su real genealogía.
Todo esto desencadena la primera fase de la rebelión.
En mayo de 1778 José Gabriel llegó a Tungasuca, reincorporándose en el seno de su familia, luego de 15 meses de trámites en Lima.

Monumentos en el Panteón de los Proceres - Lima.


En el Cusco se reunió con los futuros instigadores de la sublevación: Doctor José Astete muy amigo de José Gabriel; el abogado Julián Capetillo y Sota su asesor jurídico; el escribano José de Palacios primo de Micaela Bastidas; los hermanos Ugarte hombres ricos, dueños de ganado, e influyentes con los españoles e indios,
a) Antonio de Gallegos y Ugarte, Coronel de los Reales Ejércitos y heredero del mayorazgo que fundara el conquistador Juan de Pancorvo.  Fue Alcalde del Cusco "antes de 1779 y era el más renombrado de toda su familia. Se rumoreó en 1780 cuando la Rebelión de los Plateros que lo habían querido hacer cabeza del motín,  porqué  apareció un pasquín que decía: "Levántate Ugarte, queremos  coronarte".
b)Gabriel de Ugarte Gallegos , Coronel de los Reales Ejércitos, cuyo hijo era Mariano el continuador del apellido por línea de primogenitura y el sucesor en los "bienes vinculados de su tío Antonio,

c) Gaspar de Gallegos y Ugarte, igualmente Coronel de los Reales Ejércitos , un hombre inclinado a papeleos y gestiones y,

d) Juana de Gallegos y Ugarte, mujer del Coronel Manuel Campero y madre del Teniente Coronel Mariano Campero Ugarte,

e) Fray Vicente Francisco de Gallegos y Ugarte, Lector de Prima Teología en el Colegio franciscano de San Buenaventura del Cusco .
A ellos Túpac Amaru se dirigía como: "Muy Señores Míos y primos de mi distinguido aprecio".

Sus Grandes confidentes en la sublevación fueron: Micaela Bastidas, Diego Cristóbal Condorcanqui (Primo hermano) Miguel Montiel, Mariano Barreda Isidro y Lucas Aparicio, este último su apoderado en Potosí.

La noticia más antigua sobre el levantamiento de José Gabriel [Túpac Amaru] la ofreció Bartolina Sisa, mujer del célebre Julián Apaza, quien confesó en 1781 que “su marido Julián Apaza,  hizo tres viajes al pueblo de Tungasuca para reunirse con Gabriel Túpac Amaru, y le oyó decir muchas veces, que se estaba 10 años antes premeditando la sublevación".

La primera noticia de su rebeldía es la del tumulto que organizó en Surimana la vez que fue allá el Corregidor Muñoz de Arjona, acción que valió la suspensión temporal en la carga del Curaca.

Micaela Bastidas Puyucahua, a pesar de "no leer ni saber escribir" era inteligente para la época, práctica y segura. Sus propios enemigos la reconocieron como mujer superior, viva penetración de espíritu y natural ánimo despejado.  Fue sin embargo amiga de hacer su propia voluntad, lo que le valió serias reprimendas de José Gabriel que se tradujeron en azotes, palos y bofetadas.

1780

La sublevación de Túpac Amaru II

La rebelión estalló el 4 de noviembre con la captura del corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, quien fue ejecutado en la Plaza de Tungasuca el 10 de noviembre a manos de su propio esclavo, el negro Antonio Oblitas. Esta acción correspondió a un cuidadoso manejo político por parte de José Gabriel. Tuvo un enorme poder simbólico el hecho que Oblitas, el explotado, acabara con su propio amo, el explotador. Este hecho fue además un mensaje claro sobre la convocatoria que Túpac Amaru hacía a los negros para que se unan a su movimiento.
Seguidamente se proclamó el fin de las mitas, los repartos, las alcabalas y las aduanas, el 16 de noviembre de 1780 se decretó la abolición de la esclavitud.
El 12 de noviembre de 1780 llegó al Cusco la noticia de la rebelión de Túpac Amaru II en Tungasuca. Inmediatamente los realistas organizaron un ejército de 2000 hombres al mando del corregidor de Quispicanchis Fernando de Cabrera. El batallón de indios fue encabezado por el cacique Pedro Sawaraura. El día 14 estas tropas enrumbaron al sur confiadas en una fácil victoria. No sabían que Túpac Amaru había salido de Tungasuca con 6000 hombres.

Batalla de Sangarará.

En la mañana del 17 de noviembre, cuando Cabrera pasaba por Urcos recibió una orden de la Junta de Guerra del Cusco: debía detenerse para esperar refuerzos. El corregidor desobedeció y avanzó a toda marcha llegando el mismo día a Sangarará. Ya era noche y los realistas acampaban en la plaza cuando se enteraron de la proximidad de las fuerzas
tupacamaristas. El corregidor Cabrera ordenó atrincherarse en la Iglesia para resistir hasta que lleguen los refuerzos.
En la madrugada del 18 de noviembre de 1780 las fuerzas de Túpac Amaru II rodearon la plaza de Sangarará. El Inca ofreció respetar la vida de los realistas si se entregaban, pero Cabrera rechazó cualquier acuerdo que implique su rendición. Hubo mestizos que intentaron escapar de la iglesia, pero fueron acribillados por orden del corregidor.

Al rayar el alba una pedrada dirigida contra Túpac Amaru inició la sangrienta batalla. Lluvias de piedras y fuego graneado de fusilería caía sobre los combatientes de ambos bandos. Los sitiados ya llevaban la peor parte cuando estalló el polvorín que tenían en la iglesia. Se desplomaron el techo y una de las paredes. Un terrible incendio envolvió a muchos realistas causando gran mortandad en el templo. Entre los setecientos realistas caídos estaban el corregidor Cabrera, el gobernador Tiburcio Landa y el cacique Pedro Sahuaraura. De los rebeldes murieron menos de veinte.
 
Al terminar la batalla el Inca respetó la vida de los prisioneros, mandó curar a los heridos y ordenó la reconstrucción de la iglesia de Sangarará.
En efecto, la destrucción de la Iglesia de Sangarará aceleró la excomunión de Túpac Amaru II, y fue aprovechado por los realistas para satanizar a los rebeldes.
El 18 de noviembre se logró derrotar en la batalla de Sangarará a mil doscientos soldados españoles, esta primera victoria fue de gran importancia para la revolución peruana y americana porque sembró descontento y pánico en las autoridades y en las altas clases sociales; paralelamente, incentivó el espíritu combativo de las masas populares. Sin embargo, las fuerzas enviadas por el virrey Agustín de Jáuregui lo derrotaron en la batalla de Checacupe, y lo capturaron en Langui.

El grito de libertad de Túpac Amaru pese a la represión terrorífica continuo con la jefatura de Diego Cristóbal a quien acompañaron Mariano, Miguel y Andrés Túpac Amaru, junto con Túpac Catarí y su esposa Bertolina Sisa y otros caudillos menores, siguiéndole centenas de sublevaciones, hasta la guerra por la independencia nacional.

La revolución proyectada por Túpac Amaru debía encontrar su correlato en acciones concretas; por esta razón, luego de la batalla de Sangarará destruyó obrajes y haciendas e incluso saqueó la casa del Corregidor Cabrera, extrayendo veinticinco mil pesos que repartió entre los indios.
Túpac Amaru debía manejar cuidadosamente su imagen de Inca, y por tal razón, de redentor. Él era el libertador que los indígenas estaban esperando desde hacía mucho. Debía mostrarse como tal para con ellos; por esto luego de la victoria militar en Sangarará, precisaba que los conjurados del Cusco se manifiesten a favor de la revolución para propiciar su ingreso a la ciudad como un Inca redentor, en lugar de atacar frontalmente la ciudad desde fuera.

Alegoría de la muerte de Tupac Amaru, pero no podrán matarlo.

Desde el momento del estallido revolucionario José Gabriel buscó un ejército con unidades disciplinadas y jerarquizadas, a la vez que procuró darle a sus tropas distinta orientación, pero conformando un todo orgánico.
El ejército tupacamarista nació del pequeño arsenal encontrado después del apresamiento de Arriaga. Fueron las primeras armas con las que contaron sus tropas. Desde un inicio se buscó la conformación de un ejército regular, por eso le dio paga a la soldadesca, se presentó una estructura de batallones uniformados, se pasaron revistas militares. Es así que en los primeros momentos, las armas de infantería, caballería y artillería gozaron de niveles diferenciados, con mandos regionales y zonales, a excepción de la artillería, que por razones técnicas, fue manejada por el español Antonio de Figueroa.
Este primer ejército revolucionario era, desde su concepción, un elemento básico que cumplía con los objetivos políticos y que necesitaba, por su condición de regular, la participación de criollos y mestizos. La participación de los criollos y mestizos era de gran importancia para Túpac Amaru porque éstos estaban familiarizados con las formas convencionales de lucha, propias de un ejército regular.
Las acciones militares tupacamaristas estaban en relación con el objetivo de lograr el frente; es por eso que no se vio una conducción radicalizada en las primeras acciones, como fueron las incursiones a Quispicanchis, Pomacanchis y Parapuquio, donde no se vieron matanzas, sino una campaña social de tipo redistributivo.
Esta campaña redistributiva buscó revivir ancestrales mecanismos de reciprocidad entre el Inca y el pueblo, reforzando su imagen y legitimando la lucha.
De acuerdo al planteamiento político del frente social anti-español propuesto por Túpac Amaru, conformado por todos los sectores no españoles peninsulares, era importante librar batallas solo contra los españoles, no matar a los criollos y mestizos. Como fue el caso de Sangarará, donde José Gabriel trató, hasta el último momento, de obtener la rendición y salvación de los criollos y mestizos.
Desde el primer momento se produjo la conformación de una dirigencia integrada básicamente por sus familiares y allegados, que tuvieron a su cargo la responsabilidad del manejo político y militar. Es así que encontramos a Diego Cristóbal Túpac Amaru, como el principal lugarteniente de José Gabriel, el cual tuvo el nivel de jefe político-militar, a cuyo cargo estuvieron campañas de vital importancia, como las del río Urubamba, fundamental para el ataque y el cerco del Cusco. Micaela Bastidas, su esposa, manejaba el aspecto logístico. Controlaba que no faltaran los abastecimientos para el ejército.
El ubicar a familiares en puestos claves a nivel político y militar era importante por dos factores: el primero, está asociado al hecho que por el lazo de familiaridad que mantenían con Túpac Amaru tendrían una mayor legitimidad frente a sus seguidores; el segundo, está asociado al hecho que de esta manera los lazos de confianza y compromiso eran mayores entre los miembros de la dirigencia.
Pero no todos los delegados y jefes de la revolución fueron familiares de Túpac Amaru, hubo muchos que sin ser familia eran de comprobada fidelidad. Tal fue el caso de Marcelo Calle, quien fue el delegado Tupacamarista en el Collao.
Al iniciar sus campañas Túpac Amaru contaba con un ejército de alrededor de tres mil hombres, entre indios y mestizos, conformando tres divisiones de confianza y muy disciplinadas; además de existir una importante proporción de criollos y mestizos con algunas armas de fuego.
Conforme se desarrolló el proceso, éste comenzó a masificarse, incluso desde la campaña a Quispicanchis; (aquella que siguió a la ejecución de Arriaga) se pudo apreciar este hecho. El apoyo popular era fundamental para alcanzar los objetivos revolucionarios, pero la masificación conllevó a la pérdida de la capacidad de manejar militarmente el movimiento.
En los primeros momentos de la revolución, el ejército de Túpac Amaru, durante la dirección de José Gabriel, estuvo conformado por hombres de Canas y Canchas, los cuales mantenían una relativa disciplina; pero conforme el movimiento se fue masificando, las tropas se hicieron más indisciplinadas, demostrando su evidente falta de formación militar lo que las llevó a desarrollar acciones que nada tenían que ver con la revolución, sino con opciones reivindicativas de simple saqueo y reparto de bienes.
Pese a demostrar la fuerza de la rebelión y que la dirigencia española no estaba en capacidad real de manejar la situación, se cometieron muchos errores que darían paso al fracaso de esta rebelión; algunas causas fueron:

Errores estratégicos, Túpac Amaru cometió el error de dirigirse al sur después del triunfo de Sangarará pese a que la capital imperial del Tahuantinsuyo (Cuzco) estaba indefensa y a merced de los rebeldes. Sin embargo no escuchó los consejos de su esposa Micaela Bastidas y allegados, Túpac Amaru decidió no tomar la ciudad, tal vez porque en el Cuzco estaban aliados criollos; erróneamente se dirigió al sur.
 
La falta de apoyo de la nobleza indígena, indios nobles, más de 20 caciques como  Mateo Pumacahua de Chinchero; Diego Choquehuanca de Azángaro descendía del Inca Huayna Cápac; Pedro Sawaraura de Quispicanchis; Nicolás Rosas de Anta; Eugenio Sinancuya de Tinta; Antonio Eguiluz de Paruro, y Joaquín de Zuñiga de Condesuyos; los caciques Meza, Sancas, Oropeza, Chilltupac, etc.; no apoyaron el movimiento rebelde, al contrario se mantuvieron fieles a los coloniales y fueron eficaces colaboradores, contribuyendo en forma decisiva a la victoria española.


Marchando a combate para ser libres.

En cambio la cacique Tomasa Titu Condemayta la cual defendió el puente Pilpinto con un grupo de mujeres, y los criollos Juan de Dios y Jacinto Rodríguez en Oruro son ejemplos de los  que participaron al lado de la propuesta tupacamarista.
Otro sector que tuvo importancia gravitante fueron los curas, los cuales tenían una gran capacidad de movilización indígena. Dentro del sector de los curas también se experimentó la división, así encontramos curas realistas y otros que eran tupacamaristas. Dentro de los realistas destaca Pedro Santisteban, cura de Urcos, el cual, por no existir corregidor en Quispicanchis, por la muerte de Cabrera, asumió las funciones de jefe político-militar de la zona, y logró incluso derrotar a fuerzas tupacamaristas.
Entre los que abrazaron la causa revolucionaria están los dominicos Fray Isidro Rodríguez, capellán de Túpac Amaru, a quien oficiaba misa en un altar portátil; José Marurí, cura de Asillo, destaca por el auxilio que prestó a Túpac Amaru con hombres, armas y dinero. La participación de los curas en el bando tupacamarista no era oficial, ya que el movimiento fue condenado por la iglesia a través de la excomunión de Túpac Amaru y todos aquellos que estuvieran con él, incluso los curas.

De poco le sirvió a Túpac Amaru llamar a los criollos y vecinos del Cusco, así como justificar su accionar con el Obispo Moscoso, el arquitecto de la excomunión; pues a partir de ese momento la posibilidad de organizar un frente en el Cusco estaría liquidada. Otros hechos se aunaron, como la muerte de Quispe Tito, la ejecución del cacique Tambohuacso, el apresamiento de Inquill Tupa y otros caciques conjurados, y la vacilación de conjurados como los Ugarte y los Palacios.
La masificación del movimiento y la incomprensión del mensaje ideológico de José Gabriel, se reflejó a nivel organizativo, con innumerables líderes locales, algunos de los cuales cobrarían importancia a nivel regional, como fue el caso de Túpac Catari, quien dirigió, como muchos otros, actos de violencia radicalizada en el Collao. Esta violencia radicalizada, anti-blanca y sangrienta hizo fracasar el frente en La Paz, Chuquisaca, Potosí y Oruro.
Para enero de 1781, la sublevación se había extendido por Paria y Carangas. Indios de esta primera zona ingresaron a Oruro, cometieron saqueos y efectuaron ajusticiamientos, incluso entre criollos, todo lo cual fue agravado con la llegada de grupos aimaras más radicales, que generaron incidentes que acabaron con la vida de Sebastián Pagador. Era e fin del frente orureño; esto llevó a que el mismo Jacinto Rodríguez se pusiera del lado español, lo que significó la derrota político militar de la revolución en la zona.
Otra causa fue la división entre los propios indígenas, es decir no formaron un bloque homogéneo, los mismos habitantes nativos; lejos de apoyar la lucha contra la dominación, por rivalidades secundarias, se dividieron apoyando unos a los españoles como los Collas y otros a Túpac Amaru como los Lupacas.

Aunque este movimiento fracasó, tuvo una enorme importancia en el destino futuro de la América colonial, pues buscó desde el primer momento romper el colonialismo que significaba la opresión de los habitantes, la creación de un estado con su capital el Cuzco. En este sentido, su acción y su pensamiento sirvieron de inspiración a los ideólogos separatistas posteriores, como Juan Pablo Vizcardo y Guzmán y Francisco de Miranda y otros revolucionarios. La intransigencia mostrada por las autoridades virreinales ante las propuestas elevadas por José Gabriel en solicitud de la abolición de los referidos abusos provocaría el surgimiento de la mayor sublevación indígena en Hispanoamérica de la que se tuvieran noticias hasta entonces.

La rebelión llega a un punto de no retorno el 10 de noviembre de 1780 en la plaza mayor del pueblo de Tungasuca tras ordenar Túpac Amaru el ajusticiamiento del corregidor Antonio de Arriaga. A partir de este momento se desarrolla una primera fase caracterizada por continuos éxitos de los revolucionarios, que incluso logran sitiar la ciudad del Cusco aunque no llegan a tomarla. La revuelta logró encontrar cierta comprensión y apoyo en determinados grupos criollos, que bien pronto, sin embargo, retiraron su apoyo ante el cariz que acabaron tomando los acontecimientos:

a) Una importante cantidad de indígenas sublevados,
b) Proclama tupacamarista concediendo la libertad a los esclavos negros,
c) Efectos devastadores del conflicto sobre la economía, etc.

Si bien al comienzo el movimiento reconoció la autoridad española de la Corona, más adelante se convirtió en
el mayor movimiento de corte indigenista e independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en pedir la libertad de toda América de cualquier dependencia, tanto de España como de su monarca, implicando esto no sólo la mera separación política sino la eliminación de diversas formas de explotación indígena (mita minera, reparto de mercancías, obrajes) así como de los corregimientos, alcabalas y aduanas (10 de noviembre de 1780).

Con el apoyo de otros curacas, mestizos y algunos criollos, la rebelión se extendió. Entre sus ofrecimientos se hallaban la abolición tanto del reparto, como de la alcabala, la aduana y la mita de Potosí.

La convocatoria de Túpac Amaru II buscó integrar a indígenas, criollos, mestizos y negros en un frente anti-colonial, pero no pudo evitar que la masificación del movimiento convirtiera el accionar en una lucha racial contra españoles y criollos (en general en la zona cusqueña los criollos no tenían en su actuar antagonismos con los españoles, siendo como mucho contrarios a las reformas borbónicas pero fieles a la Corona en los demás aspectos).

Aunque este movimiento fracasó, tuvo una enorme importancia en el destino futuro de la América colonial, pues buscó desde el primer momento romper el colonialismo que significaba la opresión de los habitantes.

Su movimiento tuvo dos fases:
·                     Primera Fase o Fase Tupacamarista, donde destaca la hegemonía de José Gabriel Túpac Amaru y continuada tras su muerte por su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru.
·                     Segunda Fase o Fase Tupacatarista, donde destaca el protagonismo de Julián Apaza Túpac Katari.

Del mismo modo, se mantiene la fidelidad a la religión católica y no hace ostentación pública de pretensiones independentistas, en una estrategia que podría calificarse de calculada ambigüedad. La mejor muestra de ello se recoge en la carta que dirige al obispo del Cuzco el 12 de diciembre de 1780.
Por una parte exige la sumisa entrega de la ciudad para que “no me den lugar a tomarla por fuerza, porque entonces le entraré a sangre y fuego”, mientras que por otra tranquiliza al religioso pues “El católico celo de un hijo de la iglesia, como profeso cristiano en el sacrosanto bautismo, no puede en ninguna época profanar los sagrados tabernáculos del Dios a quien adora, ni ofender a sus sacerdotes... que aunque hoy se me note de traidor y rebelde, infiel y tirano a nuestro Monarca Carlos, dará a conocer el tiempo que soy su vasallo, y que no he desmentido un punto intencionalmente a mi Santa Iglesia y Católico Monarca, pues solo pretendo quitar tiranías del reino y que se observe la santa y católica ley, viviendo en paz y quietud... [Y la] libertad absoluta en todo género de pensiones a mi nación, el perdón general de mi aparentada deserción del vasallaje que debo y el total abolimiento de las aduanas, de la extensión de los resortes de la visita del reino”


Motivos para la Rebelión
Tanto su condición de descendiente del último Inca, como la educación recibida, permitirían a Túpac Amaru tomar una clara conciencia de la penosa situación en la que se encontraban los primitivos pobladores desde la conquista del territorio por los españoles. En realidad desde tiempo atrás el malestar general entre la población aborigen era evidente, pues distintos intentos de alzamiento populares –aunque sofocados de un modo u otro- hacían prever una crisis de incalculables consecuencias.

Por todo el virreinato peruano se extendía un sentimiento de fuerte añoranza de la situación histórica anterior a la llegada de los europeos, deseo muy unido, por otra parte, a la creencia de que aún era posible ese retorno al pasado.  Para que tan comprensible estado emocional emergiera de forma inequívoca únicamente faltaba un líder con el suficiente carisma que le permitiera convertirse en el abanderado de toda esa profunda excitación reinante. Y ese jefe natural será Túpac Amaru II.
Es así como José Gabriel Condorcanqui se convierte en paladín del descontento indígena, que no duda en presentar ante las autoridades coloniales hispanas con el fin de obtener una mejora sustancial de las condiciones de vida de la población aborigen peruana (supresión de los corregidores, repartimientos, alcabalas, aduanas, mita, etc.). En un principio, y al igual que en otros levantamientos de la época, el movimiento liderado por Túpac Amaru manifiesta su lealtad –verdadera o aparente- hacia el rey Carlos III, a quien se le supone ignorante de los males existentes, mientras se reprueba con contundencia la corrupción de los funcionarios reales, especialmente la de los corregidores.
Su alzamiento hizo temblar al Virreinato del Perú y se extendió en forma ejemplar al Virreinato de Nueva Granada con la rebelión de los comuneros de Socorro. Al Virreinato de las provincias del rio de la Plata con las sublevaciones de Tupiza, Jujuy, Catamarca y Tucumán. A la Audiencia de Charcas con la insurrección de La Paz. A los movimientos de la Audiencia de Quito y de la Capitanía General de Chile, entre otros lugares del continente.

1781
En la declaración que se le tomo a José Gabriel Tupa Amaro en el Cusco el 19 de abril de 1781, después de su captura, el rebelde manifiesto que tenia premeditada la sublevación desde que López de Castilla fue corregidor del Cuzco, Pero calificó Su Intención de 'entonces' como "Remota".
El envío de un fuerte contingente militar virreinal  –unos 17.000 hombres, de los que tres cuartas partes eran indígenas- cambiará el curso de los hechos. Túpac Amaru y sus hombres son derrotados en la batalla de Tinta, donde también se captura a los principales cabecillas revolucionarios. Un juicio sumarísimo decreta la condena y ajusticiamiento de José Gabriel, su mujer (Micaela Bastidas) y su hijo mayor (Hipólito), así como de otros parientes y colaboradores, sentencia que se ejecuta en la plaza de armas del Cuzco el 18 de mayo de 1781.
De la abundante masa documental generada por el movimiento acaudillado por Túpac Amaru hemos seleccionado las tres piezas que acompañan a este trabajo. La primera de ellas es el supuesto edicto de su coronación como José I, un documento que avalaría las tesis sobre las aspiraciones independentistas del cacique, si no fuera porque tanto la redacción de algunos pasajes, como el hecho de que el manuscrito se le encontrara en su propio bolsillo cuando es capturado por los españoles, pueda crear legítimas dudas sobre su validez.

EDICTO DE CORONACIÓN DE TÚPAC AMARU

Don José Primero, por la gracia de Dios rey del Perú. Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina, etc.
Por cuanto es acordado por mi Consejo en Junta prolija por repetidas ocasiones, ya secreta y ya pública, que los Reyes de Castilla me han tenido usurpada la corona y dominio de mis gentes cerca de tres siglos, pensionándose los vasallos con insoportables gabelas, tributos, sisas, lanzas, aduanas, alcabalas, estancos, catastros, diezmos y quintos, virreyes, audiencias, corregidores y demás ministros, todos iguales en la tiranía, vendiendo la Justicia en almoneda con los escribanos de esa fe a quien más puja, y quien más da, entrando en esto los empleos eclesiásticos y seculares sin temor de Dios, estropeando como a bestias a los naturales de este reino, quitando las vidas a solo los que no supieren robar; todo digno del más severo reparo.
Por eso, y porque los justos clamores con generalidad han llegado al cielo: En el nombre de Dios Todopoderoso ordenamos y mandamos que a ninguna de las personas dichas se pague; ni se obedezca en cosa alguna a los ministros europeos intrusos. Y solo se deberá todo respeto al Sacerdocio, pagándoles el tributo, y el quinto a su Rey y Señor Natural, y esto con la moderación que se hará saber con las demás leyes que se han de observar y guardar.
Y para el más pronto remedio de todo lo expresado, mandamos se reitere y publique la jura hecha de mi Real Coronación en todas las ciudades, villas, lugares de mis dominios, dándonos parte con toda brevedad de los vasallos prontos y fieles para el premio igual; y de los que se rebelaren para la pena que les competa, remitiéndonos la jura hecha con la razón de cuanto conduzca.
Hecho en Tungasuca, a 18 de marzo de 1781. Don José Gabriel Túpac Amaru Inga Rey Perú.

Esto permitió que los españoles organizaran la resistencia y los rebeldes fueron vencidos el 8 de enero de 1781 por el ejército enviado por el virrey Jáuregui y Aldecoa y, entre el 5 y el 6 de abril, en Tinta, por las tropas del mariscal del Valle. 
         
Perseguido por el general Ventura Landa en Tananico, fue hecho prisionero el viernes 6 de abril y juzgado severamente, sentenciado el 15  de mayo de 1781 por José Antonio Areche.

El segundo documento es la sentencia redactada por Areche contra los insurrectos encarcelados. En ella se exponen todas las causas imputadas a Túpac Amaru, familiares y colaboradores, y se dicta sentencia de muerte para todos, con detallada descripción de cómo debía procederse en la ejecución (ahorcamientos, cortes de lengua, descuartizamiento, etc.) y en qué orden, de tal manera que el último en morir fuese José Gabriel tras haber presenciado el ajusticiamiento de su mujer e hijo mayor. Quizás estos fueran los castigos habituales en Europa para los condenados por delitos de lesa majestad, aunque parece que nunca antes se hubieran aplicado en Hispanoamérica, y en este sentido el Visitador no pudo eludir su responsabilidad.
Sin embargo, el escrito de Areche destila un penoso desprecio hacia los indígenas con expresiones tales como: “poniéndome también a la vista la naturaleza, condición, bajas costumbres y educación de estos mismos indios”, “sabiendo igualmente él y los de su mal educada nación”, “por lo que mira a la ilusa nación de los indios, se consultará a SM lo oportuno”, etc. Y no menos radicales fueron sus prohibiciones: “se prohíbe que usen los indios los trajes de la gentilidad y especialmente los de la nobleza de ella, que solo sirven de representarles los que usaban sus antiguos Incas... fuera de ser su aspecto ridículo y poco conforme a la pureza de nuestra religión”; “se prohíben y quitan las trompetas ó clarines que usan los indios en sus funciones”; “se prohíbe absolutamente el que los indios se firmen Incas”; etc., etc.

Coronado Inca descendiente del revolucionario Tupac Amaru I



SENTENCIA PRONUNCIADA EN EL CUZCO POR EL VISITADOR D. JOSÉ ANTONIO DE ARECHE, CONTRA JOSÉ GABRIEL TUPAC-AMARO, SU MUJER, HIJOS Y DEMÁS REOS PRINCIPALES DE LA SUBLEVACIÓN

En la causa que ante mí pende y se ha seguido de oficio de la Real Justicia contra José Gabriel Túpac Amaro, cacique del pueblo de Tungasuca, en la provincia de Tinta, por el horrendo crimen de rebelión o alzamiento general de los indios, mestizos y otras castas, pensado más ha de cinco años, y ejecutado en casi todos los territorios de este virreinato y el de Buenos Aires, con la idea (de que está convencido) de quererse coronar Señor de ellos, y libertador de las que llamaba miserias de estas clases de habitantes que logró seducir, a la cual dio principio con ahorcar a su corregidor D. Antonio de Arriaga. Observados los testimonios de las leyes en que ha hecho de acusador fiscal el Dr. D. José de Saldívar y Saavedra, abogado de la Real Audiencia de Lima; y de defensor, el Dr. Miguel de Iturrizarra, también abogado de la propia Audiencia. Vistos los autos y lo que de ellos resulta:
FALLO, atento a su mérito y a que el reo ha intentado la fuga del calabozo en que se halla por dos ocasiones, como consta de hojas 188 a hojas 194 vuelta y de hojas 231 a hojas 235. E igualmente a lo interesante que es al público y a todo este reino del Perú, para la más pronta tranquilidad de las provincias sublevadas por él, la noticia de la ejecución de la sentencia y su muerte, evitando con ella las varias ideas que se han extendido entre casi toda la nación de los indios, llenos de supersticiones, que los inclinan a creer la imposibilidad de que se le imponga pena capital por lo elevado de su carácter, creyéndole del tronco principal de los Incas, como se ha titulado, y por eso dueño absoluto y natural de estos dominios y su vasallaje. Poniéndome también a la vista la naturaleza, condición, bajas costumbres y educación de estos mismos indios y las de las otras castas de la plebe, las cuales han contribuido mucho a la mayor facilidad en la ejecución de la depravadas intenciones del dicho reo José Gabriel Túpac Amaro, teniéndolos alucinados, sumisos, prontos y obedientes a cualquiera orden suya; habiendo llegado los primeros hasta resistir el vigoroso fuego de nuestras armas contra su natural pavor, y les ha hecho manifestar un odio implacable a todo europeo o a toda cara blanca, o pucacuncas, como ellos se explican, haciéndose autores él y estos de innumerables estragos, insultos, horrores, robos, muertes, estupros, violencias inauditas, profanación de iglesias, vilipendio de sus ministros, escarnio de las más tremendas armas suyas, cual es la excomunión. Contemplándose inmunes o exentos de ellas por asegurárselo así, con otras malditas inspiraciones, el que llamaban su Inca; quien, al mismo tiempo que publicaba en las innumerables convocatorias, bandos y órdenes suyos (de que hay bastantes originales en estos autos) que no iban contra la iglesia, la privaba, como va dicho, de sus mayores fuerzas y potestad, haciéndose legislador con sus más sagrados arcanos y ministerios.

Cuyo sistema seguía del propio modo contra su legítimo Soberano, contra el más augusto, más benigno, más recto, más venerable y amable de cuantos monarcas han ocupado hasta ahora el trono de España y de las Américas; privando a una y a otra alta potestad de sus más particulares prerrogativas y poder. Pues ponía en las doctrinas curas, se recibía en las iglesias bajo de palio, nombraba justicias mayores en las provincias, quitaba los repartimientos o comercio permitido por tarifa a sus jueces, levantaba las obvenciones eclesiásticas, extinguía las aduanas reales y otros derechos que llamaba injustos. Abría y quemaba los obrajes, aboliendo las gracias de mitas, que conceden las leyes municipales a sus respectivos destinos. Mandaba embargar los bienes de los particulares habitantes de ellas, y no contento con esto quería ejecutar lo mismo, tomando los caudales de las arcas reales. Imponía pena de la vida a los que no le obedecían; plantaba o formaba horcas a este fin en todos los pueblos ejecutando muchas; se hacía pagar tributos; sublevaba con este miedo y sus diabólicas ofertas las poblaciones y provincias, substrayendo a sus moradores de la obediencia justa de su legítimo y verdadero Señor –aquel que está puesto por Dios mismo para que las mande en calidad de soberano- hasta dejar pasar en sus tropas la inicua ilusión de que resucitaría, después de coronado, a los que muriesen en sus combates; teniendo o haciéndoles creer que era justa la causa que defendía, tanto por su libertador, como por el único descendiente del tronco principal de los Incas; mandando fundir cañones, como fundió muchos, para oponerse a la autoridad del Rey y sus poderosas y triunfantes armas, reduciendo las campanas de las iglesias y cobre que robó a este uso. Asignaba el lugar de su palacio y el método de su legislación para cuando fuese jefe universal de esta tierra y quería hacer patente su jura a toda su nación, atribuyéndose dictados reales, como lo comprueba el papel borrador de hojas 139, que se encontró en su mismo vestido, que lo convence. Se hizo pintar y retratar en prueba de estos designios torpes, con insignias reales de unco, mascaypacha y otras, poniendo por trofeos el triunfo que se atribuía haber conseguido en el pueblo de Sangarará, representando los muertos y heridos con las llamas que abrasaron la iglesia de él y la libertad que dio a los que se hallaban presos en sus cárceles.

Y últimamente desde el principio de su traición mandó, y mandaba como Rey, bajo el frívolo y falso pretexto de ser descendiente legítimo y único, según va indicado, de la sangre real de los emperadores gentiles, y con especialidad del Inca Felipe Túpac Amaro, cuya declaración se usurpó desde luego sin facultad, pues el tributo de la Real Audiencia de Lima, donde pendía esta causa, no le había declarado ningún derecho a esta descendencia, antes por el contrario había fundamentos bien seguros para denegársela, cuyas presunciones de entroncamiento, no obstante de hallarse en este tan dudoso estado, han hecho tal impresión en los indios, que llevados de esta, le hablaban y escribían en medio de su rudeza, con la mayor sumisión y respecto, tratándole a veces de Señoría, Excelencia, Alteza y Majestad, viniendo de varias provincias a rendirle la propia obediencia y vasallaje; faltando en esto a las obligaciones tan estrechas de fidelidad y religión que tiene él y todo vasallo con su rey natural, prueba clara, evidente y dolorosa del extraviado espíritu con que se gobierna esta infeliz clase, y también de cuan poco conoce la subordinación y acatamiento debido a la legítima potestad de nuestro adorable Soberano; dejándose persuadir maliciosamente de los ofrecimientos de este traidor, ingrato y mal vasallo suyo, de quien y de su Real Audiencia de Lima, de su Excmo. Sr. Virrey y de mí, fingía que tenía órdenes para ejecutar lo que tan bárbaramente ejecutaba, y debió no creer lícito el más idiota.

Fuera de que en cuanto a sus ofertas no podían ignorar los indios que los repartimientos o enunciado comercio de tarifa, permitido a sus jueces territoriales, se iban a quitar tan en breve como lo ha señalado la experiencia, constándoles así esto, como que nuestro respetable Soberano deseaba y procuraba, según ha deseado y procurado siempre, su alivio. También sabían que las obvenciones no las pagan ni han pagado, sino por su propia voluntad, libre y espontánea, apeteciéndolo y anhelándolo muchos de ellos mismos por los entierros de pompa y uso de los demás sagrados sacramentos, con la ostentación que les ocasiona crecidos gastos, pues a sus respectivos doctrineros o curas se les satisface el correspondiente sínodo sin que tengan estos derechos o acción a emolumentos y obvenciones. Tampoco ha debido ignorar este insurgente y sus malvados secuaces para unírsele por sus promesas que, conforme a la ley del reino, están exentos de alcabala, según se observa escrupulosamente en lo que es de su crianza, labrando propia e industria de estas, pero de suerte que para este beneficio y liberalidad no lo conviertan, como lo suelen convertir, en agravio de nuestro rey y Señor, sirviendo ellos mismos de defraudadores del derecho de alcabala, llevando en su cabeza o a su nombre, con guías supuestas, a las ciudades o pueblos de consumo y comercio, lo que no es suyo y no les pertenece, siendo de otros no exentos, contraviniendo en esto a todas las leyes de cristianos, de vasallos y hombres de bien o de verdad, justicia y rectitud. A cuyo fin, y para que cumplan con estas cualidades y aquellas soberanas decisiones se ha procurado siempre que dichas guías se examinen y vean con cuidado, y las saquen, las lleven y se las den sin costo ni detención alguna los ministros recaudadores de este real derecho y celadores de tales fraudes que ha cometido y comete con repetición esta clase de privilegiados, cuyo celo justo y diligencia debida llama ese traidor escandalosamente opresión y gravamen, sin conocer que son los indios quienes le han formado, si es lo que es y no se mira a que de otro modo están aventurados los caudales o sagradas rentas del Estado.

Sabiendo igualmente él y los de su mal educada nación que ningunas otras pensiones reales pagan, y aun cuando las pagaran, la religión y el vasallaje les dicta, enseña y demuestra el cumplimiento de lo mandado en ese punto por los legítimos superiores, atendiendo a que estos no anhelan a otra cosa que a subirlos a su mayor y más completa felicidad, y que estos derechos son precisos e indispensables para la defensa de nuestra amada y venerada Santa Iglesia Católica, para amparo de ellos y de los otros, sus con-vasallos, manteniéndolos en justicia, o para defenderlos contra toda potestad enemiga o cualesquiera persona que les insulte o insultase, perjudique o perjudicase en sus vidas, en sus bienes, en sus haciendas, en su honra, y en su quietud o sosiego.
Considerando, pues, a todo esto y a las libertades con que convidó este vil insurgente a los indios y demás castas para que se les uniesen, hasta ofrecer a los esclavos la de su esclavitud. Y reflexionando juntamente el infeliz y miserable estado en que quedan estas provincias que alteró, y con dificultad subsanarán o se restablecerán en muchos años de los perjuicios causados en ellas por el referido José Gabriel Túpac Amaro, con las detestables máximas esparcidas y adoptadas en los de su nación y socios o confederados a tan horrendo fin; y mirando también a los remedios que exige de pronto la quietud de estos territorios, el castigo de los culpables, la justa subordinación a Dios, al Rey y a sus Ministros
DEBO CONDENAR Y CONDENO a José Gabriel Túpac Amaro a que sea sacado a la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecución de las sentencias que se dieren a su mujer Micaela Bastidas, sus dos hijos Hipólito y Fernando Túpac Amaro, a su tío Francisco Túpac Amaro, a su cuñado Antonio Bastidas, y algunos de los principales capitanes y auxiliadores de su inicua y perversa intención o proyecto, los cuales han de morir en el propio día; y concluidas estas sentencias, se le cortará por el verdugo la lengua, y después amarrado o atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas fuertes y de modo que cada una de estas se pueda atar o prender con facilidad a otras que prendan de las cinchas de cuatro caballos, para que puesto de este modo o de suerte que cada uno de éstos tire de su lado, mirando a otras cuatro esquinas o puntas de la plaza, marchen, partan o arranquen a una voz los caballos, de forma que quede dividido su cuerpo en otras tantas partes, llevándose este, luego que sea hora, al cerro o altura llamada de Picchu, adonde tuvo el atrevimiento de venir a intimidar, sitiar y pedir que se le rindiese esta ciudad, para que allí se queme en una hoguera que estará preparada, echando sus cenizas al aire, y en cuyo lugar se pondrá una lápida de piedra que exprese sus principales delitos y muerte, para sola memoria y escarmiento de su execrable acción. Su cabeza se remitirá al pueblo de Tinta, para que estando tres días en la horca se ponga después en un palo a la entrada más pública de él; uno de los brazos al de Tungasuca, en donde fue cacique, para lo mismo, y el otro para que se ponga y ejecute lo propio en la capital de la provincia de Carabaya, enviando igualmente, y para que se observe la referida demostración, una pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas, y la restante al de Santa Rosa en la de Lampa, con testimonio y orden a los respectivos corregidores o justicias territoriales para que publiquen esta sentencia con la mayor solemnidad por bando, luego que llegue a sus manos y en otro igual día todos los años subsiguientes, de que darán aviso instruido a los superiores gobiernos, a quienes reconozcan dichos territorios.


Mensaje que trato de enviar con el centinela traidor.

Que las casas de este [Túpac Amaru] sean arrasadas o batidas y saladas a vista de todos los vecinos del pueblo o pueblos donde las tuviere o existan.
Que se confisquen todos sus bienes, a cuyo fin se da la correspondiente comisión a los jueces provinciales.
Que todos los individuos de su familia que hasta ahora no hayan venido ni vinieren a poder de nuestras armas y de la justicia que suspira por ellos para castigarlos con iguales rigurosas y afrentosas penas, queden infames e inhábiles para adquirir, poseer u obtener de cualquier modo herencia alguna o sucesión, si en algún tiempo quisiesen o hubiese quienes pretenda derecho a ella.
Que se recojan los autos seguidos sobre su descendencia en la expresada Real Audiencia, quemándose públicamente por el verdugo en la plaza pública de Lima, para que no quede memoria de tales documentos. Y de los que solo hubiese en ellos testimonio, se reconocerá y averiguará adonde paran sus originales, dentro del término que se asigne, para la propia ejecución.
Y por lo que mira a la ilusa nación de los indios, se consultará a SM lo oportuno con el fin de que, si ahora o en algún tiempo quisiese alguno de estos pretender nobleza y descendencia igual o semejante de los antiguos reyes de su gentilidad sea, con otras cosas que se le consultarán, reservado este permiso y conocimiento a su Real Persona con inhibición absoluta y bajo de las más graves y rigurosas penas a cualquiera juez o tribunal que contraviniese a esto, recibiendo semejantes informaciones, y que las recibidas hasta ahora sean de ningún valor ni efecto hasta que el Rey las confirme, por ser esta resolución muy conforme a estorbar lo que se lee a hojas 34 vueltas de estos autos, reservando del propio modo a su soberana determinación lo conveniente que es y será, atendidas las razones que van indicadas, y a que este traidor logró armarse, formar ejército y fuerza contra sus reales armas, valiéndose o seduciendo y ganando con sus falsedades a los caciques o segundas personas de ellos, en las poblaciones el que éstas, siendo de indios, no se gobiernen por tales caciques, sino que las dirijan los alcaldes electivos anuales que voten o nombren éstas.

Cuidando las mismas comunidades electoras y los corregidores preferir a los que sepan la lengua castellana y a los de mejor conducta, fama y costumbres para que traten bien y con amor a sus súbditos, y dispensando cuando más, y por ahora, que lo sean aquellos que han manifestado justamente su inclinación y fidelidad, anhelo, respeto y obediencia, por la mayor gloria, sumisión y gratitud a nuestro gran Monarca, exponiendo sus vidas, bienes o haciendas en defensa de la patria o de la religión, oyendo con bizarro desprecio las amenazas y ofrecimientos de dicho rebelde principal y sus jefes militares, pero advirtiendo de que estos únicamente se podrán llamar caciques o gobernadores de sus ayllus o pueblos, sin trascender a sus hijos o resto de la generación tal cargo.
Al propio fin se prohíbe que usen los indios los trajes de la gentilidad, y especialmente los de la nobleza de ella, que solo sirven de representarles los que usaban sus antiguos Incas, recordándoles memorias que nada otra cosa influyen que en conciliarles más y más odio a la nación dominante, fuera de ser su aspecto ridículo y poco conforme a la pureza de nuestra religión, pues colocan en varias partes de él al Sol, que fue su primera deidad. Extendiéndose esta resolución a todas las provincias de esta América Meridional, dejando del todo extinguidos tales trajes, tanto los que directamente representan las vestiduras de sus gentiles reyes con sus insignias, cuales con el unco, que es una especie de camiseta; yacollas, que son unas mantas muy ricas de terciopelo negro o tafetán; mascaypacha, que es un círculo a manera de corona, de que hacen descender cierta insignia de nobleza antigua, significada en una mota o borla de lana de alpaca colorada, y cualesquiera otros de esta especie o significación.

Lo cual se publicará por bando en cada provincia para que deshagan o entreguen a sus corregidores cuantas vestiduras hubiese en ellas de esta clase, como igualmente todas las pinturas o retratos de sus Incas, en que abundan con extremo las casas de los indios que se tienen por nobles para sostener o jactarse de su descendencia. Las cuales se borrarán indefectiblemente, como que no merecen la dignidad de estar pintados en tales sitios y a tales fines, borrándose igualmente, o de modo que no quede señal, si hubiese algunos retratos de estos en las paredes u otras partes de firme, en las iglesias, monasterios, hospitales, lugares píos o casas particulares, pasándose los correspondiente oficios a los Reverendos Arzobispos y Obispos de ambos virreinatos, por lo que hace a las primeras, sustituyéndose mejor semejantes adornos por el del Rey y nuestros otros Soberanos Católicos, en el caso de necesitarse.
También celarán los ministros corregidores que no se representen en ningún pueblo de sus respectivas provincias comedias u otras funciones públicas de las que suelen usar los indios para memoria de sus dichos antiguos Incas. Y de haberlo ejecutado darán cuenta certificada a las secretarías de los respectivos gobiernos.
Del propio modo, se prohíben y quitan las trompetas o clarines que usan los indios en sus funciones, a las que llaman pututos, y son unos caracoles marinos de un sonido extraño y lúgubre, con que anuncian el duelo y lamentable memoria que hacen de su antigüedad. Y también el que usen y traigan vestidos negros en señal de luto, que arrastran en algunas provincias como recuerdos de sus difuntos monarcas y del día o tiempo de la conquista, que ellos tienen por fatal y nosotros por feliz pues se unieron al gremio de la Iglesia Católica y a la amabilísima y dulcísima dominación de nuestros Reyes.
Con el mismo objeto se prohíbe absolutamente el que los indios se firmen Incas, como que es un dictado que le toma cualquiera, pero que hace infinita impresión en los de su clase. Mandándose, como se manda, a todos los que tengan árboles genealógicos o documentos que prueben en alguna manera sus descendencias con ellos, el que lo manifiesten o remitan certificados y de balde por el correo a las respectivas secretarías de ambos virreinatos para que allí se reconozcan sus solemnidades por las personas que diputen los Excmos. Señores Virreyes, consultando a SM lo oportuno según sus casos. Sobre cuyo cumplimiento estén los corregidores muy a la mira, solicitando o averiguando quién no lo observa, con el fin de hacerlo ejecutar o recogerlos para remitirlos, dejándoles un resguardo.
Y para que estos indios se despeguen del odio que han concebido contra los españoles y sigan los trajes que les señalan las leyes, se vistan de nuestras costumbres españolas y hablen la lengua castellana, se introducirá con más vigor que hasta aquí el uso en sus escuelas bajo las penas más rigurosas y justas contra los que no las usen después de pasado algún tiempo en que la puedan haber aprendido. Pasándose con esta propia idea oficios de ruego y encargo a los muy Reverendos Prelados eclesiásticos para que en las oposiciones de curatos o doctrinas atiendan muy particularmente a los opositores que traigan certificaciones de los jueces provinciales del  mayor número de feligreses que hablen en ellas dicha lengua castellana, poniendo en las ternas que remitan a los Señores Vice-Patronos esta circunstancia respectiva a cada uno de los propuestos. Dándose para hablarla perfectamente, o de modo que se expliquen en todos sus asuntos, el término de cuatro años, y que los señores obispos y corregidores den cuenta en cada uno de estos al respecto Superior Gobierno, quedando al soberano arbitrio de SM el premiar y distinguir a aquellos pueblos cuyos vasallos hubiesen correspondido a las circunstancias presentes a la justa lealtad y fidelidad que les es debida.
Finalmente queda prohibida, en obsequio de dichas cautelas, la fábrica de cañones de toda especie, bajo la pena, a los fabricantes nobles, de diez años de presidio en cualesquiera de África, y siendo plebeyo 200 azotes. Y la misma pena por el propio tiempo, reservando por ahora tomar igual resolución, en cuanto a la fábrica de pólvora que seguirá luego. Y porque hay en muchas haciendas, trapiches y obrajes de estas provincias variedad de ellos de casi todos los calibres, se recogerán por los corregidores, acabada íntegramente la pacificación de este alzamiento, para dar cuenta a la respectiva Capitanía General, con el fin de que se les dé el uso que parezca propio. Así lo proveí, mandé y firmé, por esta mi sentencia definitivamente juzgando.
JOSE ANTONIO DE ARECHE.

Se le intento desmembrar ante la mirada de su hijo Fernando de 11 años.

Dio y pronunció la anterior sentencia el muy Ilustre Sr. D. José Antonio de Areche, Caballero de la real y distinguida orden española de Carlos III, del Consejo de SM, en el Real y Supremo de Indias, Visitador General de los tribunales de justicia y Real Hacienda de este reino, Superintendente de ella, Intendente del Ejército, Subdelegado de la real renta de tabacos, Comisionado con todas las facultades del Excmo. Virrey de este Reino para entender en los asuntos de la rebelión ejecutada por el vil traidor Túpac Amaro. En el Cuzco, a 15 de mayo de 1781, siendo testigos D. Fernando Saavedra, Contador de visita, D. Juan de Oyarzabal y D. José Sacin, de que certifico, Manuel Espinavete López.


El 18 de mayo de 1781, en la Plaza de Armas del Cusco, Túpac Amaru II fue obligado, tal y como señalaba la sentencia, a presenciar la ejecución de toda su familia. Ante su presencia ejecutaron a sus aliados y amigos, su esposa y sus dos hijos, en ese orden. El tercero de los testimonios incluidos es una descripción precisa y minuciosa, por un testigo directo, del cumplimiento de la ejecución. La muerte de Túpac Amaru, sin embargo, no significó la desaparición del espíritu reivindicativo que él representaba, pues como ya se ha dicho su ejemplo fue seguido por otros indígenas y su gesta trascendió más allá de los límites del virreinato, dejando huella en toda América.
Luego le cortaron la lengua. En los días anteriores, había sido torturado con el objetivo de arrancarle información acerca de sus compañeros de rebelión, infructuosamente.
Se le intentó descuartizar vivo atando cada una de sus extremidades a sendos caballos, de manera infructuosa, por lo que finalmente se optó por decapitarlo y posteriormente despedazarlo el 18 de mayo de 1781. Los científicos que han estudiado este tema concluyeron que por la contextura física de Túpac Amaru II era imposible despedazarlo de esa forma, sin embargo se le dislocaron brazos y piernas junto con la pelvis. Aunque Amaru hubiera sobrevivido a ese intento de descuartizarlo hubiera quedado prácticamente inválido. Su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en Livitaca (actual Provincia de Chumbivilcas y en Santa Rosa (actual Provincia de Melgar, Puno).
A pesar de la ejecución de Túpac Amaru II y de su familia, el gobierno virreinal no logra sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru, al tiempo que se extendía por el Alto Perú y la región de Jujuy.

Sanguinaría tortura, sed de venganza.
Andrés Mendigure Túpac Amaru fue un líder rebelde indígena, sobrino de José Gabriel Túpac Amaru, quien dirigió el sitio de Sorata junto a Pedro Vilca Apaza.
Es muy vivo y advertido y es el que gobierna las tierras dijeron informes realistas sobre este joven mestizo, sobrino de Túpac Amaru II, como hijo de Pedro Mendigure y de Cecilia Túpac Amaru, prima hermana del Inca. Como el resto de su familia, decían ser descendientes del último inca de Vilcabamba, Túpac Amaru I.
Vinculado a las actividades comerciales y al arrieraje, pronto se relacionó con los grupos indígenas del Altiplano.
Tenía unos diecisiete años al momento de la rebelión. Ganó experiencia militar en la batalla de Sangarará y luego participó en el asedio del Cuzco, cuyos adversos resultados lo hicieron dejar Tinta el 6 de febrero de 1781 para marchar al Altiplano.
Conocido como el Inca Mozo, luego de la captura de Túpac Amaru II, aparece como nuevo líder junto a su tío Diego Cristóbal Túpac Amaru y otros jefes aymaras.
Establecida como estrategia rebelde, continuar con el alzamiento en las provincias del sur del Cuzco y el Altiplano, la dirigencia insurgente se fijó como objetivo la toma de Sorata para cuyo fin partieron columnas cusqueñas y azangarinas, bajo el mando de los jefes militares veteranos, Pedro Vilca Apaza, Miguel Bastidas y Andrés Túpac Amaru. Sin embargo la capital de Larecaja no pudo ser tomada en este primer intento.
El 4 de mayo de 1781 inició el segundo sitio de Sorata al mando de 20.000 indígenas. Para vencer la resistencia de la ciudad, se recurrió a la estrategia de represar el río para lanzar sus aguas contra las defensas. Vinculado sentimentalmente a Gregoria Apaza, hermana de Túpac Catari, acudió en auxilio del líder aymara tras la captura de Sorata (4 de agosto). Con la toma de Azángaro (1781), pronto sería capturado y ejecutado.
Tras el indulto virreinal y la firma de la Paz de Sicuani (1782), fue envuelto en nuevas acusaciones, arrestado y remitido a España a cumplir condena de diez años de prisión y destierro perpetuo del Perú, en virtud a la sentencia del 16 de marzo de 1784.


CASTIGOS EJECUTADOS EN LA CIUDAD DEL CUZCO CON TUPAC-AMARO, SU MUJER, HIJOS Y CONFIDENTES
Plaza de armas del Cusco.

El viernes 18 de mayo de 1781, después de haber cercado la plaza con las milicias de esta ciudad del Cuzco, que tenían sus rejones y algunas bocas de fuego, y cercado la horca de cuatro caras con el cuerpo de mulatos y Huamanguinos, arreglados todos con fusiles y bayonetas caladas, salieron de la Compañía [20] nueve sujetos, que fueron los siguientes: José Verdejo; Andrés Castelo; un zambo, Antonio Oblitas (que fue el verdugo que ahorcó al general Arriaga); Antonio Bastidas; Francisco Tupac-Amaro; Tomasa Condemaita, cacica de Acos; Hipólito Tupac-Amaro, hijo del traidor; Micaela Bastidas, su mujer; y el insurgente José Gabriel.
Todos salieron a un tiempo, y uno tras otro venían con sus grillos y esposas, metidos en unos zurrones de estos en que se trae yerba del Paraguay, y arrastrados a la cola de un caballo aparejado. Acompañados de los sacerdotes que los auxiliaban y custodiados de la correspondiente guardia, llegaron todos al pie de la horca y se les dieron por medio de dos verdugos las siguientes muertes:
A Verdejo, Castelo, al zambo y a Bastidas se les ahorcó llanamente. A Francisco Tupac-Amaro, tío del insurgente, y a su hijo Hipólito se les cortó la lengua antes de arrojarlos de la escalera de la horca. Y a la india Condemaita se le dio garrote en un tabladillo que estaba dispuesto con un torno de hierro que a este fin se había hecho y que jamás habíamos visto por acá. Habiendo el indio y su mujer visto con sus ojos ejecutar estos suplicios hasta en su hijo Hipólito, que fue el último que subió a la horca. Luego subió la india Micaela al tablado, donde asimismo, a presencia del marido, se le cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito porque teniendo el pescuezo muy delgado no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos echándole lazos al pescuezo, tirando de una y otra parte y dándole patadas en el estómago y pecho la acabasen de matar.
Cerró la función el rebelde José Gabriel, a quien se le sacó a media plaza. Allí le cortó la lengua el verdugo, y despojado de los grillos y esposas lo pusieron en el suelo. Atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos estos a la cincha de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes, o porque el indio en realidad fuese de hierro, no pudieron absolutamente dividirlo después que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire, en un estado que parecía una araña. Tanto que el Visitador, movido de compasión porque no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía una orden mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó. Después se condujo el cuerpo debajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y pies. Esto mismo se ejecutó con las mujeres, y a los demás se le sacaron las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos.
Los cuerpos del indio y su mujer se llevaron a Picchu, donde estaba formada una hoguera, en la que fueron arrojados y reducidos a cenizas, las que se arrojaron al aire y el riachuelo que por allí corre. De este modo acabaron José Gabriel Tupac-Amaro y Micaela Bastidas, cuya soberbia y arrogancia llegó a tanto que se nominaron reyes del Perú, Chile, Quito, Tucumán y otras partes, hasta incluir el Gran Paitití, con otras locuras a este tono.
Este día concurrió un crecido número de gente, pero nadie gritó ni levantó una voz. Muchos hicieron reparo, y yo entre ellos, de que entre tanto concurso no se veían indios, a lo menos en el traje mismo que ellos usan, y si hubo algunos estarían disfrazados con capas o ponchos. Suceden algunas cosas que parecen que el diablo las trama y dispone para confirmar a estos indios en sus abusos, agüeros y supersticiones. Dígolo porque habiendo hecho un tiempo muy seco y días muy serenos, aquel amaneció tan toldado que no se le vio la cara al sol, amenazando por todas partes a llover; y a hora de las doce, en que estaban los caballos estirando al indio, se levantó un fuerte refregón de viento y tras éste un aguacero, que hizo que toda la gente, y aún los guardias, se retirasen a toda prisa. Esto ha sido causa de que los indios se hayan puesto a decir que el cielo y los elementos sintieron la muerte del Inca, que los españoles inhumanos e impíos estaban matando con tanta crueldad.
Siendo obligado a presenciar el asesinato de toda su familia en la plaza de armas del Cusco. El visitador Areche lo condenó a morir descuartizado por cuatro caballos que tirasen de cada una de sus extremidades el 18 de mayo en el Cusco.  Como Túpac Amaru II era un hombre excepcionalmente fuerte, fue imposible matarlo de esa manera por lo que ordenaron su decapitación.
Su cuerpo fue descuartizado, su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cusco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en Livitaca y Santa Rosa. A pesar de la ejecución de Túpac Amaru II y de su familia, los españoles no lograron sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su medio hermano Diego Cristóbal Túpac Amaru, al tiempo que se extendía por el altiplano boliviano, la región de Jujuy y en el Noroeste argentino. En el tercero de lo documentos que incluimos, un testigo presencial del ajusticiamiento afirma ante la pena de garrote aplicada a Tomasa Condemayta y Micaela Bastidas que se había dispuesto “un torno de hierro que a este fin se había hecho, y que jamás habíamos visto por acá”. Y califica el descuartizamiento de José Gabriel como “espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad”.

A Tupac le cercenan la cabeza en el Cusco.


1782
La fama de Túpac Amaru II se extendió de tal forma que incluso los indios sublevados en el llano de Casanare, Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia), le proclamaron rey de América. Siguiendo los pasos de Túpac Amaru II, que había intentado una solución pactada al conflicto, su hermano Diego Cristóbal llegó a un acuerdo para deponer las armas con la promesa española de indultar a los rebeldes y corregir la mala situación de los indios. Esto se logró tras difíciles negociaciones, en enero de 1782. Las posteriores rebeliones criollas invocaron el nombre de Túpac Amaru II para obtener el apoyo de los indios.
Ha sido reconocido como el “fundador de la identidad nacional peruana.
Túpac Amaru II es considerado un precursor de la Independencia del Perú. Actualmente su nombre y figura es acogida ampliamente por los movimientos indígenas andinos, así como por los movimientos de izquierda política.

En otro sentido, su nombre también fue utilizado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru o MRTA, grupo guerrillero que operó en Perú de 1985 a 1997. El MRTA se dio a conocer internacionalmente por la Crisis de los rehenes de la embajada de Japón (1996 - 1997) y fue uno de los beligerantes del Conflicto Armado Interno en Perú (1980 - 2000).


En Uruguay los Tupamaros también conocidos como Movimiento de Liberación Nacional o por sus siglas MLN-T, fue un grupo insurgente que estuvo activo entre los años de 1960 y 1970, que se denominó como tal por la admiración y respeto que según sus militantes sentían por Túpac Amaru II.




En Venezuela, inspirados en la guerrilla uruguaya mencionada, el Movimiento Tupamaro de Venezuela desarrolló acciones armadas entre 1992 y 1998, para después integrarse a la política formal.


En Argentina el nombre de este líder rebelde fue adoptado por la Asociación Túpac Amaru, un movimiento indigenista político y social surgido en 2001 en la provincia de Jujuy que actualmente tiene presencia en 15 provincias argentinas. También pertenece a la Galería de los Patriotas Latinoamericanos, creada en Casa Rosada por la presidenta Cristina Fernández en 2010 (año del Bicentenario de la Revolución de Mayo).

1783
Muere su hijo Mariano en Rio de Janeiro-Uruguay

Versiones sobre la situación de Fernando Condorcanqui

** Habiendo sido rescatado de un naufragio del barco que lo llevaba preso a España, Fernando Condorcanqui hijo menor de Túpac Amaru II que estudió junto a sus hermanos en un colegio jesuita en el Cusco, se destacaba de la tripulación y otros presos, y ocultando su identidad por cuestiones de seguridad. Así Fernando llega a Brasil, desde donde emprende un largo viaje hacia su tierra natal, cruzando parte de la amazonia, el Chaco, llegando hasta la zona montañosa de Jujuy donde finalmente se asienta en el pueblo de Rumicruz apellidándose Huanca (el primero), pues su verdadero apellido lo condenaba. De esta manera se establece la familia Condorcanqui emparentada directamente con el legendario Túpac Amaru.

** Fernando, un niño de casi once años, fue obligado a mirar el degollamiento de su padre, la muerte a patadas de su madre y la de su hermano Hipólito. Luego sería aislado en el Cusco y enseguida caminó encadenado hasta Lima para sufrir encierro en el castillo del Real Felipe. Después de dos años recién llegó la orden de prisión hasta su muerte en una cárcel del África. Las autoridades españolas embarcaron hacia España a 29 prisioneros familiares de José Gabriel en abril de 1784.
 
En la travesía murieron 18 pasajeros, Mariano falleció el 27 de julio de 1784 a los 21 años. Luego de un penoso viaje de diez meses, el navío llegó a Cádiz a comienzos de febrero en 1785. El virrey Jáuregui sugirió que no fueran enviados al África sino a un lugar de España por temor a que alguna potencia enemiga los rescatara. Los presos fueron destinados a las mazmorras de San Sebastián y Santa Catalina (Cádiz). Fernando se entregó a las autoridades españolas después que naufragó en Peniche, el navío “San Pedro de Alcántara” que lo llevaba a España.

Desde la prisión, cuando cumplió 16 años le escribió al rey Carlos III en 1787 pidiendo su excarcelación. Padeció un dilatado cautiverio lleno de enfermedades y miseria. Hasta que en 1788 se produjo la orden para que los prisioneros fueran trasladados a diversas provincias.


Fernando Túpac Amaru, único hijo sobreviviente de José Gabriel, fue internado en la Escuela Pías de Getafe (El Colegio de Escuelas Pías, construido en 1609, es la escuela religiosa más importante de la zona sur de Madrid. Está en el centro de la ciudad.)

A su tío Juan Bautista lo enviaron a Ceuta y a Miguel Bastidas junto a su mujer e hija a Zaragoza. Casi un año después del fallecimiento del rey Carlos III, Fernando solicitó (1789) permiso para contemplar la ceremonia de coronación de Carlos IV. Fernando poseía ya una educación suficiente: Filosofía, Gramática, Retórica, Aritmética, etc., expresando su deseo de ser funcionario de la Administración pública.

Sugerencia que fue aceptada en un primer momento para posteriormente ser rechazada, pues su origen familiar seguía despertando desconfianzas. Atraviesa entonces un periodo difícil, los achaques de la prisión se manifiestan en su salud. Libre ya pero sin poder retornar a la patria provocaron en el una melancolía sin solución. El estado lamentable en que se encontraba era debido también a la mala alimentación por que la pensión económica que le habían asignado nunca llegó. Todas estas situaciones hicieron que falleciera sólo en su oscura habitación.

Así concluye en 1798 la atormentada existencia de Fernando Túpac Amaru, hijo menor del grande e imperecedero caudillo TUPAC AMARU II y de Micaela Bastidas Puyucawa. Fernando, juvenil figura dulce y melancólica, cuyo signo fue un horrible y continuado sufrir en silencio, atormentado por el recuerdo de tremendos infortunios con la esperanza de que algún día su pueblo no olvidara tantos sacrificios.

El grito desgarrador y rebelde que el niño Fernando dio en la plaza del Cuzco cuando en su presencia torturaron y ejecutaron a los suyos heló de terror a los Españoles que se esmeraron en hacerlo morir en el destierro. Este grito histórico aún se escuchará en la mente y corazones de las futuras generaciones mientras exista la humillación de nuestra cultura, mientras exista la desigualdad, la riqueza insolente frente a la miseria de nuestro pueblo.


Escuela Pias en Madrid
 
Falleció en Madrid, el 19 de agosto de 1798. En el Bicentenario de la Independencia, lo menos que se puede hacer es repatriar sus restos y recibirlo con honores de jefe de Estado. Igual que a los de Juan Bautista Túpac Amaru que reposan en el cementerio de Buenos Aires.

** Meses más tarde, el niño Fernando Túpac Amaru y los pocos parientes que sobrevivieron a la cruel persecución decretada por el Visitador Areche, fueron deportados a España en los barcos “El Peruano” y “San Pedro Alcántara”. Su hermano Mariano Túpac Amaru, apresado con posterioridad a los sucesos del 18 de mayo de 1781, moriría en el trayecto; y Fernando sufriría un largo destierro abrumado por la nostalgia y la enfermedad. Hasta 1798 en que falleció, sería un alucinado, un hipocondriaco, aplastado por el recuerdo y la impotencia.

** Con la presencia de la Embajadora del Perú en Portugal, y el Presidente de la Cámara Municipal de Peniche, el día 2 del presente se recordó el naufragio del navío español “San Pedro de Alcántara”, hecho en el que pereció Fernando Túpac Amaru, hijo de José Gabriel Condorcanqui, “Túpac Amaru II” – razón por la cual se le conoce también como “El navío del último Inca”-, y que ocurrió la noche del 2 de febrero de 1786 en las costas de la ciudad portuguesa de Peniche.


2007
El 11 de enero de 2007 falleció en la localidad de San Martín, al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, José Diego Lanusse ó José Diego Condorcanqui nacido en Jujuy en 1935, descendiente de Fernando Condorcanqui, hijo menor de José Gabriel Túpac Amaru II quien se rebeló a la dominación española en Cusco y de Juan Bautista hermanastro de Túpac Amaru propuesto para formar una monarquía constitucional por delegados patrios en Tucumán en 1816.

Reconocido por los suyos como Amauta (sabio), José Diego Condorcanqui fue luchador incansable por los derechos de los Pueblos Indígenas, formó parte de las primeras organizaciones modernas en el país como la Comisión de Instituciones Indígenas de Argentina, participó en el Primer Parlamento Indígena que sesionó en Comahue en abril de 1972, presentó al senado de la nación junto a otros líderes indígenas el proyecto de ley que una vez promulgado sentó las bases del Derecho Indígena en la era constitucional, participó activamente además en el Centro Kolla, y en la Asociación Indígena de la República Argentina –AIRA.

 TUPAC AMARU II, UN AUTENTICO REVOLUCIONARIO.

3 comentarios:

  1. muy buena recopilación de hechos que sirven para sentirnos más orgullosos de nuestra patria

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  2. ma siento muy orgulloso de mi patria

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  3. de tu patria españa? de como arruino toda una nación prospera, o de este seudo-estado llamado peru formado sobre la sangre y cabeza de miles y millones indigenas cruelmente asesinados...a mi no me da orgullo este seudo pais me da asco por todos lados.....JUSTICIA!!

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