16 junio 2012

VIRACOCHA PARTE II: TUNUPA - VISITANTE GIGANTE

Tunupa

VOLCAN TUNUPA
AL PIE DE UN SALINAR - BOLIVIA

POSIBLE REPRESENTACION AYMARA DE TUNUPA
PORTADA DEL SOL TIWANAKO - BOLIVIA
También llamado en otros sitios Tuapaca o Taguapaca, es el nombre de una deidad andina venerada actualmente en el altiplano boliviano. Se le considera el dios del volcán y del rayo.

Tunupa es una de las divinidades más antiguas del área central andina que en su máximo apogeo se veneró en el altiplano (Collao) y el área del Collasuyo. Se cree que el origen del culto a Tunupa se encuentra en los periodos pre-tiahuanaco y pre-puquina, alcanzando su auge durante el periodo de los reinos aymaras (especialmente los Collas, Lupacas y Carangas), también estuvo vigente durante el periodo incaico pero es también durante éste periodo que su culto empieza a ser confundido con el culto a Wiracocha. Posteriormente con la colonización española el culto a Tunupa retrocede demográficamente afincándose en el Collao.

La función de Tunupa era el ordenamiento del mundo, por lo cual muchos etno-historiadores lo confundieron con Ticsi Wiracocha. Lo describen acompañado de Tarapacá y Taguapaca, quienes lo ayudaban a ordenar el mundo. Además de controlar los volcanes y los rayos, tenía poder sobre las aguas y controlaba los huaycos. El Tunupa del mundo de arriba sería el rayo y la lluvia, mientras que el Tunupa del mundo de abajo era la lava de los volcanes, los ríos y los manantiales.

Ésta bipartición de la cosmovisión era común antes de la llegada de los españoles. Según los mitos recogidos, Tunupa falleció cuando navegaba en una balsa en el lago Titicaca; la balsa fue llevada por el viento hasta chocar con las orillas de Chacamarca, con el choque se abrió un gran río al sur del lago Titicaca que empezó a desaguarlo, a este río se le conoció como Aullagas (hoy Desaguadero). Otros mitos aseguran que se hundió en el río Aullagas o que se fue navegando por el mar.

Las crónicas españolas sobre el dios Tunupa 

Según los relatos recogidos por Fray Alonso Gavilán, éste personaje habría aparecido por el Paraguay recorriendo toda la selva hasta Chachapoyas, luego llegó hasta el altiplano y lanzó rayos y fuego celeste en contra el dios que se veneraba en el poblado de Cacha. También fue visto en el Cusco y luego en las orillas del lago Titicaca fue empalado en una vara de chonta y echado al lago en una balsa, empujado por un fuerte viento se dirigió hacia el Aullagas (río Desaguadero) en donde se hundió en las entrañas de la tierra.

El cronista indígena Santa Cruz Pachacuti cuenta que Tunupa llegó al altiplano con ropas muy humildes predicando, pero fue expulsado del pueblo de Yamquesupa, ante esto Tunupa los maldijo convirtiendo al pueblo en una laguna. Luego llegó a un poblado denominado Cachapucara en donde existía una «mujer huaca o oráculo» con la que tuvo una fuerte discusión, destruyendo los cerros y el pueblo echando fuego y derritiendo la montaña. Luego llegó a Carabaya donde la población lo ató de pies y manos, pero luego Tunupa se desató y navegó hasta el Titicaca, pasó por Tiahuanaco y se dirigió al mar por el río Chacamarca en donde desapareció.

Cieza de León recoge relatos que aseguran que Tunupa existía antes que existieran los Incas. Según la leyenda Tunupa era un hombre blanco de gran cuerpo con un poder tan grande que podía convertir los cerros en llanuras y viceversa. Según los relatos de Cieza de León a ésta deidad la llamaban «Ticsi Wiracocha» pero en el Collao le decían indistintamente «Tuapaca» o «Tunupa», el cronista también recoge los hechos de Cachas pero con la diferencia de que Tunupa se dirige hacia el mar y se embarca hacia el horizonte.

Pedro Sarmiento de Gamboa lo llama «Taguapaca» y según éste cronista el dios aparece luego del diluvio mucho antes de la existencia del sol y la luna. También sostiene que era acompañante de «Viracocha Pachayachachic». Luego estando en el Collao desobedeció a Viracocha quien ordena que sea atado de pies y manos y que fuese colocado en una balsa sobre el río Desaguadero. Aunque según Sarmiento de Gamboa, el pueblo de Cacha fue destruido por Viracocha y no por Tunupa.

Atributos y poderes

Según todos los relatos recogidos por los cronistas y por la tradición oral, Tunupa tenía el poder del rayo o también llamado "el fuego celeste"; pero también, según las leyendas recogidas, Tunupa estaba muy ligado a los volcanes o también llamado "el fuego terrestre". Curiosamente los volcanes abundan en el Collao y sus zonas circundantes, existiendo varios cerros con el nombre de Tunupa, Taguapaca y Tuapaca; siendo el más importante y conmemorativo el denominado Volcán Tunupa en el lado norte del Salar de Uyuni (Bolivia).

Pero Tunupa también tenía el poder sobre las lluvias que caen con las tormentas fecundando la tierra. Se creían que no sólo fecundaba a la Pachamama si no que también, los rayos que caían sobre los lagos fecundaban los peces.

El origen del Viracocha quechua, a partir del Tunupa aymara

Desde la noche de los tiempos los diversos pueblos andinos desarrollaron un complejo y heterogéneo panorama religioso politeísta y animista producto de un larguísimo proceso cultural, en el que, según tradiciones orales, la creación se dio por ordenación, es decir, dada la presencia previa del mundo, la actividad de las divinidades se plasmó inicialmente en el ordenamiento de algún tipo de caos y oscuridad. Es así que en ese mundo previamente existente aparecieron diferentes dioses y/o héroes civilizadores -cuyos nombres varían según las regiones, épocas y grupos étnicos-, dos de los cuales, vez los más difundidos, fueron Tunupa y Viracocha. Sin embargo, estos no fueron los únicos héroes populares antiguos, pues se sabe que existieron muchos otros -anteriores y contemporáneos a estos- hoy escasamente conocidos o aún ya desaparecidos de toda memoria, tales como Pachacamac, Kon (o Con), Usapu, Cachi, Harnava (Arnauan) y Cuniraya, casi todos absorbidos luego por Viracocha debido a la cronística colonial.

Probablemente Tunupa -también llamado Tuñupa, Taguapaca, Taguapica, Tonopa, Tunapa, Tarapacá, Ekako, Keko, Kiko o Ekeko-, fue un héroe migrante civilizador aymara, una especie de profeta y ancestro fundador, e incluso una suerte de divinidad generadora acuática anterior al ciclo de Viracocha, que quizá se remonta a la civilización de Tiwanaku (Tiahuanaco).

Pese a lo difuso de los datos que circulan acerca de Tunupa aparecen pronto algunos rasgos característicos: divinidad polimorfa, señor de las aguas terrestres -abre el eje acuático del altiplano boliviano conformado por el lago Titicaca, el río Desaguadero y el lago Poopó-, así como del fuego y de las aguas celestiales, es igualmente capaz de enviar y detener el rayo, la lluvia, la nieve o el granizo.  Nos encontramos entonces frente a un héroe cultural, curandero milagroso y predicador de alguna ley moral.

Según Arthur Demarest, Tunupa podría corresponder al horizonte de Tiwanaku en su etapa de expansión y apogeo, por lo cual es concebible identificar a esta divinidad con la célebre figura que se encuentra esculpida en el centro de la Puerta del Sol en Tiwanaku. No obstante, por mucho tiempo, y hasta hoy mismo, se ha dicho que esta figura representa más bien a Viracocha.

Algunos aymaras actuales aún veneran a Tunupa como dios del rayo. En cambio, para la tradición quechua incaica, el dios del rayo era Illapa o Yllapa, quien, según veremos luego, fue asimilado al apóstol cristiano Santiago.

Desde luego, al igual que en todo relato ancestral transmitido oralmente, circulan varias tradiciones donde Tunupa aparece bajo distintas formas; incluso existen versiones que señalan que Tunupa era mujer: una pastora cuyo amor fue disputado por montañas y volcanes (Wachtel, 2001: 523-524). Igualmente se debe mencionar que al sur del lago Poopó se alza un volcán de nombre Tunupa, fuente también de diferentes versiones míticas.

Por su parte, Waisbard cree que Tunupa era un personaje jorobado, pues existirían representaciones de este héroe que así lo presentan.

Ahora bien, tras el misterioso declive de Tiwanaku y los sucesivos periodos de desarrollo cultural sobrevino el imperio incaico, el cual, en sus versiones míticas de la creación, integró ciertos elementos de una versión aymara, pero sometiéndolos a una serie de transformaciones.

Así tenemos que Tunupa fue reinterpretado por los incas y se convirtió en un personaje oscuro, casi marginal, pues, aparentemente, los nuevos relatos redujeron a este héroe a un papel negativo. Al constituirse en los vencedores de varias campañas guerreras, los incas obligaron a los señoríos aymaras a integrarse al Imperio, siendo algunas de sus tradiciones sujetas a ciertos cambios. De este modo el ancestro fundador aymara fue parcialmente asimilado a Viracocha, una nueva deidad que, al igual que Tunupa, habría ordenado un mundo preexistente sumido en la oscuridad y habría estado vinculado al origen mismo de los incas.

Además, Viracocha también es una deidad múltiple, como Tunupa, pues tiene rasgos acuáticos -dicen que salió del lago Titicaca y que desapareció en el mar- y al mismo tiempo está asociado al rayo y a los fenómenos meteorológicos. También Viracocha, según el análisis de Armas Asín (2002: 206-207), estaría plenamente identificado con un héroe cultural que hacía y cuidaba terrenos cultivados mediante acciones rituales relacionadas con los ciclos agrarios de producción.

El Viracocha de los incas fue objeto de culto por mucho tiempo; le levantaron altares y templos, pero poco a poco, a pesar de que también
tenía características solares, fue cediendo su rango de creador para darle paso al sol como la divinidad más importante.

Cossio del Pomar (2000: 63-68) señala que la palabra Viracocha representa a los seres que pueblan el pasado religioso; desnudo, con una joroba y con el pene erecto. Los aymaras, según Waisbard, sienten gran respeto hacia los jorobados, a quienes creen dotados de un poder especial sobre el fuego y la lluvia (1975: 90-92).

Pero Viracocha también es un personaje capaz de materializarse ante los elegidos: según una tradición sobrenatural mencionada por Cossio del Pomar, Viracocha se apareció en persona al “príncipe” Hatun Tupac durante un retiro de meditación en un momento de peligros guerreros para el Imperio Inca. Más tarde, Hatun Tupac se convirtió en el “octavo inca” cambiando su nombre por el de Wiracocha, con el que pasó a la memoria del Imperio.

En fin, otros nombres atribuidos a Viracocha forman una suerte de amalgama de seres míticos y le confieren múltiples funciones ligadas a la idea de creación, conocimiento, orden y sabiduría.
 
Como fuere, el punto es que la imagen de Tunupa fue desdibujada por las interpretaciones sucesivas a que fue sometida, interpretaciones incas y después españolas, y en el caso de Viracocha sucedió un proceso interpretativo similar, aunque con menos filtros. Aquí es donde entran en escena los cronistas coloniales, pues fueron ellos quienes “ordenaron” los fragmentos dispersos referentes a dioses y héroes para luego difundirlos a los propios indios con fines claramente evangelizadores, dado que era inconcebible que los nativos no tuviesen una noción de un dios creador único. Como no era posible que el sol o las wakas (waka, o huaca, designa en los Andes a toda entidad o lugar sagrados y puede incluir determinados objetos o seres) fueran divinidades máximas, entonces tenía que haber una más fuerte y poderosa que ellas, tesis que pronto gozó de popularidad porque la creencia en un dios creador único se convirtió en el argumento clave para extirpar el politeísmo y ordenar el caos de los innumerables dioses y héroes.

De este modo, los sucesivos cronistas, que en la mayor parte de los casos escribían por encargo de la administración colonial, reproducen lo anotado por Betanzos, pero añadiendo diversos matices como gigantes, diluvios, edades y otros. Por ejemplo, Pedro Sarmiento de Gamboa en su crónica de 1,572 afirma que Viracocha, en el momento de su desaparición marítima, anunció a los indios que no creyesen en falsos profetas ya que pronto enviaría a sus mensajeros — ¿los españoles?—.

Sarmiento también dice que Viracocha era blanco, que traía un libro y que un tal Taguacapac, por desobediente, fue atado y puesto en una balsa en el Titicaca rumbo al río Desaguadero. De esta manera, con la pertinaz difusión de las dichas versiones del origen del mundo andino, el esquema catequizador en torno a Viracocha ya estaba afianzado irremediablemente en la mentalidad popular de finales del siglo XVI.

Cabe anotar aquí que estas versiones difieren de otras, también muy extendidas entre algunos cronistas, que establecen el origen de los incas en una cueva de Pacaritambo y no en el Titicaca.

Más tarde, dos crónicas indígenas escritas por Joan de Santa Cruz Pachacuti y Guaman Poma, ambos indios ladinos y cristianos, reforzaron
notoriamente los anteriores relatos. Santa Cruz Pachacuti escribió en 1,613 acerca de un hombre barbado y milagroso que tenía varios nombres, tres de los cuales eran Tonapa, Tarapacá y Viracochanpachayachicachan.

Dicho Señor es para este cronista el mismísimo Santo Tomás y habría llegado a Pacaritambo, donde reinaba un cacique llamado Apotambo, justo en el momento en que se celebraban unas bodas. Nadie oyó sus prédicas excepto Apotambo, a quien el misterioso predicador le regaló un palo a modo de cetro dejándole también una suerte de recomendaciones o “mandamientos”. Según Pease (1982:46), Santa Cruz Pachacuti anotaba:

“Los viejos modernos del tiempo de mi padre […] suelen decir que casi era los mandamientos de Dios, principalmente los siete preceptos; les faltaba solamente el nombre de Dios nuestro señor, y de su hijo Jesucristo nuestro señor les faltaba […].”

El cronista indio continúa su relato señalando que Tunupa siguió un largo itinerario, marcado por episodios de inundaciones, lluvias de fuego -en la localidad de Cacha- y petrificaciones contra poblaciones incrédulas o “idolátricas”, hasta que llegó a los Andes de Carabaya, región donde hizo una cruz muy grande para transportarla hasta Carabuco. Una vez allí, el profeta echó agua en la cabeza de la hija de un cacique del lugar, al modo del bautismo cristiano, razón por la que Tunupa fue apresado, siendo milagrosamente rescatado por un desconocido joven.

Guaman Poma, por su lado, escribe sobre un “primer milagro” pre-hispánico hecho por Dios a través de San Bartolomé, apóstol de Jesucristo, en el pueblo de Cacha. En esta población, afirma, sucedió la ya conocida lluvia de fuego, tras la cual San Bartolomé se dirigió a Carabuco donde se topó con un gran hechicero llamado Anti que vivía con su endemoniado ídolo en una cueva. Como el ídolo del hechicero quedó sin poderes frente a la fuerza y santidad de San Bartolomé, Anti se convirtió, bautizándolo el apóstol con el nuevo nombre de Anti Viracocha, además de que, en señal de su milagrosa aparición, el santo dejó una cruz en el pueblo.

Más adelante, Guaman Poma señala que en el tiempo de los incas también existían otros enviados de Dios capaces de ocasionar desgracias y fenómenos meteorológicos en caso de no ser escuchados (1992: 72-74).

Posteriormente otro cronista, Ramos Gavilán (citado en Waisbard, 1975: 88-89), en 1,621, hace mención de un hombre blanco que descendió del cielo y que transportaba una cruz. Además este hombre, dice Ramos Gavilán (citado en Armas Asín, 2002: 202), […] hacía muchos milagros […] y le pusieron por nombre (según afirman algunos indios antiquísimos) Tunupa, que es lo mismo que decir gran Sabio y Señor. Pues aqueste glorioso Santo por su predicación fue perseguido y finalmente martirizado.

Ramos Gavilán también habla del conocido suceso del fuego aéreo en Cacha, tras lo que, ya en el lago Titicaca y luego de otros sucesos, Tunupa fue empalado y puesto en una balsa siendo llevado por los vientos hacia el río Desaguadero. Respecto a este martirio Waisbard (1975: 90-91), según averiguaciones propias, señala que Tunupa, una vez empalado y en la balsa de Totora sobre las aguas del lago sagrado, abrió milagrosamente una especie de canal que más tarde se conocería con el nombre de río Desaguadero —el cual une los dos grandes depósitos acuáticos andinos, el Titicaca y el Poopó— cuya existencia se atribuye aún hoy a la acción sobrenatural de Tunupa.

TIWANAKO CERAMICA

TEXTIL DIOS DE LOS BACULOS

BOTE DE TOTORA EN EL LADO PERUANO DEL LAGO
TITICACA

Ciertamente estamos ante la unificación de motivos míticos diversos en un esquema en el que Tunupa y Viracocha —junto a otras divinidades y héroes— fueron confundidos, mezclados y finalmente disueltos en un solo “dios creador”, único y universal, asemejado al Dios cristiano o a su apóstoles.

Es Fernando Armas Asín quien mejor ha planteado esta temática cuando señala que la mitología andina pos-hispánica es una invención de la cronística española y mestiza de los siglos XVI y XVII.

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